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VIAJE A JAPÓN

Del 26 de agosto al 13 de Septiembre 2017

LA RUTA. 

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26/08/2017

Madrid a Pekín

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27/08/2017

Pekín a Tokio (Shinjuku)

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28/08/2017

Tokio. (Ryogoku-Asakusa-Ueno-Nippori-Palacio-Ginza-Tokio Tower)

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29/08/2017

Tokio. (Palacio-Ginza-Shibuya-Shinjuku)

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30/08/2017

Tokio. (visita a Nikko)

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31/08/2017

Tokio. (visita a Kamakura)

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01/09/2017

Tokio a Fujiyoshida

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02/09/2017

Fujiyoshida (ascensión al Mt. Fuji)

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03/09/2017

Fujiyoshida a Kioto

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04/09/2017

Kioto (bosque de Arashiyama, templo de oro, templo de Inari)

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05/09/2017

Kioto (Visita guiada – Palacio Imperial - Castillo de Nijo)

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06/09/2017

Kioto a Hiroshima

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07/09/2017

Hiroshima (visita a Mijayima)

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08/09/2017

Hiroshima a Osaka (Shinsaibashi, Dotonbori y castillo de Osaka)

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09/09/2017

Osaka (visita al castillo de Himeji y Templo Fushimi Inari en Kioto)

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10/09/2017

Osaka (visita a Nara y Shinsekai)

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11/09/2017

Osaka (visita corta a Kioto, Umeda Sky Building y Amerikamura)

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12/09/2017

Osaka a Pekín (visita de Pekín)

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13/09/2017

Pekín a Madrid (llegada a las 7 AM)

PREPARATIVOS.

Este año las vacaciones han sido un tanto improvisadas. La intención era haber viajado a California la última semana de junio y primera quincena de julio para visitar San Francisco, Las Vegas y sobre todo, Yosemite, Gran Cañón y hacer alguna otra ruta de montaña por diferentes puntos de Sierra Nevada, pero como a Simón no le confirmaban las vacaciones en el trabajo, a finales de marzo me dijo que dada la situación no sabía si podría hacer el viaje y que por tanto, fuese a mi aire.

Estuve pensando en opciones para hacer montaña por Tirol o Chamonix. Lo que más me llamaba la atención era viajar a Islandia, que tengo muchas ganas desde hace muchos años, y ahora resulta que se ha puesto de moda. Encontré un vuelo a buen precio a Reikiavik, pero preparar el resto del viaje, tal y como yo quería hacerlo, me iba a resultar bastante más complicado ya que tenía que mirar rutas de montaña, alojamientos que queden cerca de las rutas, el alquiler de coche,…, así que miré la posibilidad de ir a Japón, ya que para el primer viaje al país mi intención era visitar ciudades y subir al monte Fuji, lo cual es bastante sencillo de preparar.

Encontré billetes a buen precio Madrid-Tokio y mejor precio Madrid-Osaka, pero mi idea siempre fue empezar en Tokio y terminar en Osaka, opción algo más cara que empezar y terminar en la misma ciudad (unos 120 euros más caro), así que cuando finalmente me decidí, compré un billete Madrid-Pekín-Tokio/Osaka-Pekín-Madrid en la web de AirChina  por 611 euros. Creo recordar que el precio más barato que vi para este trayecto fue de 585 euros.

Buscar los hoteles fue más sencillo, aunque me llevó más tiempo del normal debido a mi habitual indecisión. Los precios en las diferentes plataformas suelen variar poco, aunque sí puede haber diferencia. Lo que no variaba mucho eran los hoteles, que en casi todas las plataformas eran los mismos.Los hoteles que finalmente he elegido son para el viaje son:

Tokio

Ryogoku View Hotel

241,86

EUR

5 noches

Hoteles.com

Mt. Fuji

Maisan-chi Guesthouse & Cafe

50,85

EUR

3 noches

Booking.com

Kioto

Hotel M's Plus Shijo Omiya

144,92

EUR

4 noches

Agoda.com

Hiroshima

RIHGA Royal Hotel Hiroshima

110,38

EUR

2 noches

Hoteles.com

Osaka

Sarasa Hotel

222,65

EUR

4 noches

Hoteles.com

El hotel del monte Fuji, cerca de la estación de tren de Fujisan no incluye desayuno. Este es el único albergue que he reservado. El resto sí son hoteles. El hotel de Hiroshima tampoco incluye el desayuno. A través de la web de reservas costaba unos 11 euros más si incluía el desayuno y preferí probar a ver qué precio me ofrecen en el hotel. Supongo que será más caro, aunque quiero comprobarlo. Tampoco estoy muy convencido de que me vaya a gustar un desayuno estilo japonés.             

Desde luego hay que tener los nervios templados para reservar el hotel, pues según pasan los días los precios van subiendo y yo sin decidir cuál reservar. Después, un buen día desaparece una oferta de una de las webs, pero ves que aparece en otra. También me pasó que vi una oferta increíble para un hotel el Osaka y al día siguiente cuando fui a reservar la oferta había desaparecido. ¡Cosas que pasan!

Finalmente, el transporte interno,  en esta ocasión, no había lugar a dudas: el Japan Rail Pass para 14 días, que me costó 357 EUR (46.390 JPY) y lo compré en la calle Jacometrezo de Madrid en JTB Viajes, una agencia que he visto durante el viaje que está bastante presente en todo Japón. Para ver itinerarios y horarios de los trenes: www.hyperdia.com/en y en www.virrail.es. También se pueden hacer los cálculos para ver si merece la pena comprar el Japan Rail Pass o no, ya que te lo indica todo bastante bien. La he utilizado mucho en Japón para ver los posibles horarios y combinaciones de viaje, pero es mucho más cómodo ir a la oficina de reservas y allí te buscan la mejor opción dependiendo del horario que elijas para viajar.

Los gastos totales para este viaje, con todos los gastos incluidos (transporte, alojamiento, comida, extras e imprevistos), desde que salí por la puerta de mi casa hasta que volví a entrar por ella, han sido 2.145 euros.

En cuanto a la información que he buscado por internet, prácticamente todo se puede encontrar en https://japonismo.com, http://blogdetermico.blogspot.com.es, www.guialowcost.es y https://www.conmochila.com. Casi toda la información práctica que he podido necesitar la comentaban en alguno de ellos.

EL VIAJE.

Como de costumbre los vuelos a Asia que tomo salen a media mañana, por lo que me da tiempo a levantarme, prepararme e ir tranquilamente hasta el aeropuerto. No obstante, como la última vez que fui al aeropuerto tardé más de la cuenta, en esta ocasión calculo 15 minutos de más para llegar sin agobios. En esta ocasión se ha dado bastante bien llegar al aeropuerto, por lo que al final no eran necesarios esos quince minutos de más.

En la fila de facturación hay mucha gente. Hacía mucho que no esperaba tanto para facturar mi maleta. En la fila charlo con un par de chavales que se van a Australia para trabajar. Van a parar en Pekín para verlo, pero no tienen billete de salida del país. No estoy muy seguro, pero para poder salir del aeropuerto necesitas tener un billete de salida del país. No sé muy bien cómo tendrán que hacerlo una vez que estén allí. Espero que haya ido todo bien.

El viaje de Madrid a Pekín son aproximadamente 10 horas. Por casualidad, al elegir el asiento elegí uno de la zona de turista preferente. Supongo que tenía la tarifa de turista preferente y me permitió reservar un asiento en la zona de preferente. Casualidad, porque como no sabía que tenía la tarifa preferente bien podía haber elegido un asiento fuera de la zona. En realidad, no hay mucha diferencia con la zona turista normal. Aquí hay algo más de espacio entre los asientos, te dan una toallita para limpiarte y te sirven la comida antes que al resto, pero por lo demás, no hay mucha diferencia.

Por suerte este avión es más moderno que el último avión de AirChina en el que monté. El sistema de entretenimiento abordo es moderno, pero no tiene películas en español, salvo alguna argentina o mejicana. Mientras me sirven la comida, veo ‘Ghost in the shell’. La he puesto  en inglés, pero como veo que no me estoy enterando de nada, tengo que cambiar a francés. Ahora por lo menos puedo seguir el argumento de la peli. No sé muy bien por qué no soy capaz de comprender el inglés. Estaré desentrenado.

Tras un par de pelis, series y documentales, llegamos de madrugada al aeropuerto de Pekín. Espero que no haya tantísima gente en el control de tránsito como la última vez que estuve allí. Salgo de los primeros del avión y me dirijo cuanto antes a pasar el control. Por suerte, no hay nadie, así que me entretengo comprobando si el control de pasaportes para la visita de Pekín por menos de 72 horas se encuentra en el mismo lugar que la cuando estuve el año anterior. Así es. Sigue estando junto a los controles de pasaportes para salir del aeropuerto. Perfecto.

Paso por el control de tránsitos y busco mi puerta de embarque. Aprovecho el wifi del aeropuerto para enviar mensajes a casa y para entretenerme un rato mientras espero. Cuando me canso de internet intento dormir un rato hasta la salida del avión hacia Tokio, prevista para las 08:20, hora de Pekín.

Embarcamos puntualmente. Este avión es más pequeño y no tiene televisión, así que intento dormir durante el trayecto, cosa que consigo a ratos.

TOKIO.

El viaje hasta el aeropuerto de Haneda dura 3 horas 10 minutos. Hay bastante gente en el control de pasaportes. Tardo casi una hora en pasarlo. En el pasaporte me han colocado una pegatina con la fecha de llegada y la fecha hasta la que puedo estar como máximo en el país.

Después de recuperar mi equipaje, salgo al exterior. No necesito cambiar dinero, porque ya lo llevo desde España. Ventajas que tiene trabajar en un banco, aunque no puedo conseguir más que yenes, libras y dólares. En este momento, 1 EUR cotiza a 130 JPY, que es un cambio bastante ventajoso.

Antes de ir al tren paro en la oficina de turismo que hay a la salida para llevarme algún folleto y sobre todo planos y mapas, aunque llevo en el móvil descargados los mapas de las ciudades que voy a visitar (utilizo maps.me que para funcionar no es necesario disponer de datos). Siempre me gusta disponer de un mapa de mayor tamaño que el disponible en el teléfono.

No me entretengo mucho en la oficina de turismo. Enseguida estoy en la entrada del tren. Tengo el JR Pass, pero no lo voy a utilizar hasta dentro de 3 días, así que tengo que comprar el billete. No sé muy bien cómo hay que hacerlo para obtener el billete, pero la compañía tiene unas amables chicas que te preguntan a dónde te diriges y te ayudan a sacar el billete.

Comprar un billete es relativamente sencillo. Todos los billetes se compran en máquinas, aunque también hay una taquilla en la que supongo que se podrán comprar. Yo sólo he utilizado las taquillas para hacer las reservas de largo recorrido. Sobre las máquinas hay un mapa de la red de tren con todas las estaciones. En cada estación se indica el nombre y el precio desde la estación en la que te encuentras hasta la de destino. Este importe es el que introduces en la máquina para obtener el billete. Puedes introducir el dinero justo o no. Si no lo introduces justo, la máquina te devuelve el cambio. Se puede pagar con billetes y monedas. La única pega es que el mapa con las estaciones esté en japonés, en cuyo caso, si no puedes localizar la estación de destino no sabrás cuánto hay que pagar.

En este caso, lo mejor es pagar el mínimo, y cuando llegues a destino, antes de salir acercarte a una de las máquinas que hay para ajustar el importe y pagar la diferencia que no has pagado. Yo no he tenido ningún problema para comprar el billete, así que no creo que nadie vaya a tenerlo.

Se tarda muy poco en llegar a la estación de Hamamatsucho donde tengo que hacer transbordo a la línea Yamanote. De aquí hasta la estación de Akihabara donde tengo que volver a hacer transbordo a la línea Sobu hasta la estación de Ryogoku, que es donde se encuentra mi hotel. En total unos 45 minutos.

Mi hotel es el Ryogoky Wiew Hotel. He conseguido una habitación doble por un precio adecuado. Está junto a la salida del tren y muy cerca del estadio nacional de sumo. Había visto que las habitaciones en Japón son muy pequeñas y esta, para ser de dos camas es pequeña, pero como soy yo solo tengo más que suficiente. No tiene armario y en la televisión solo hay canales japoneses, pero como güifi va bien, ¡qué importa la televisión!.

No me quedo mucho tiempo en la habitación. Tan pronto como me he acomodado cojo el mapa de Tokio y me voy a Shinjuku. Tengo idea de comprar una tarjeta de teléfono para estar conectado e ir al ayuntamiento donde hay una oficina de turismo en la que te puedes apuntar a visitas turísticas guiadas y se puede subir al piso 45 donde hay un mirador al que se accede de manera gratuita.

Tomo el tren desde Ryogoku a Shinjuku. El billete cuesta 220 yenes. Las estaciones en Japón son edificios muy grandes. Una vez en la calle, entro en una de las tiendas de electrónica que hay en la plaza para comprar un adaptador para enchufes, ya que en Japón todos los enchufes son de clavijas planas pregunto en la tienda y el dependiente me acompaña hasta donde se encuentran los enchufes. No es muy barato, 297 JPY, pero lo necesito ya que, en caso contrario, será imposible recargar el teléfono o la tableta.

Me llama la atención al ver que hay carteles en el suelo indicando que está prohibido fumar en la calle. Justo antes del paso subterráneo que cruza las vías del tren hay una zona de fumadores, que me recuerda a las zonas de fumadores que había en los aeropuertos cuando prohibieron fumar en espacios cerrados. Al parecer, en Tokio, y no sé si en Japón, está prohibido fumar por la calle. No se puede fumar mientras se camina. Para fumar hay que pararse y hacerlo en los puntos autorizados. Sin embargo, sí es posible fumar en un restaurante, aunque suele haber zonas separadas de fumadores y no fumadores.

Mientras voy hacia el ayuntamiento o edificio del gobierno metropolitano, veo un cartel que dice “pachinko”. Me suena de algo. No sé de qué. Me acerco a mirar y veo que es una sala de juegos. No sé qué creía yo que era, pero, desde luego, no era esto. Por lo que he visto hay mucha afición a este juego en Japón ya que los hay por todas partes y suele haber bastante gente y mucho ruido dentro.

         

Estoy ya en la zona de rascacielos y en seguida encuentro el ayuntamiento. Es un edificio inmenso, mastodóntico, descomunal, de color gris, no muy bonito. Me recuerda al ayuntamiento de Gotham. Lo que es más complicado es encontrar la entrada a la torre. Doy un par de vueltas junto con otros turistas y preguntamos hasta que damos con ella.

Directamente entro en la oficina de turismo que hay nada más entrar para preguntar por las rutas guiadas (www.gotokio.com). Son rutas gratuitas, bueno, no del todo. hay que pagar los gastos que genere el guía, ya sea de transporte o entradas. Si vas o te juntas en un grupo no es nada caro.

El problema es que para estas rutas hay que apuntarse con tres días de antelación. Indico que dice claramente tanto en la web, como en la hoja que me han entregado que se puede uno apuntar el mismo día, presentándose en la oficina de turismo de Shinjuku, a lo que me contestan que no saben muy bien por qué se indica eso, pero que dudan mucho que así sea. Desde luego, en esta oficina del ayuntamiento hay que apuntarse, vía internet, con unos tres días de antelación. Por lo tanto, no tengo ninguna posibilidad de participar mañana en ninguna visita turística, como quería haber hecho.

En fin, resignado, voy al ascensor para subir al mirador de la torre. Hay bastante gente en la fila, pero avanza bastante rápido. Antes de entrar en el ascensor te revisan las mochilas y bolsas que lleves. Me llama la atención la amabilidad, que contrasta con la brusquedad de los vigilantes del aeropuerto de Pekín.

El ascensor sube en un instante a la planta 45 y sales a una sala amplia, con tiendas en el centro y una cafetería a un lado. Sin duda es un punto muy turístico. Hay bastante gente, aunque se está cómodo y sin agobios. Hay unas amplias vistas de los alrededores de la torre y te das cuenta de que Tokio debe ser una ciudad inmensa.

Cuando me he cansado de tomar fotos me voy para abajo. Volveré cuando sea de noche para tomar alguna foto nocturna de la ciudad, que me suelen gustar más que las diurnas.

Vuelvo sobre mis pasos a Shinjuku. Mi intención es buscar la oficina de turismo para preguntar si puedo apuntarme a alguna excursión para mañana. Con el mapa que tengo descargado en el teléfono llego sin problemas al edificio. Es un edificio un tanto extraño. Estás en la tercera planta pero, como es una estación de autobuses que me parece que está a cielo abierto, da la impresión de que estás en la calle. Siguiendo los carteles llego a la oficina de turismo donde pregunto por las excursiones. Me dicen lo mismo que me han dicho en la otra oficina, y  aunque les indico que dice claramente que presentándose en esta oficina el mismo día te puedes unir a la ruta si hay plazas libres, insisten en que eso no es posible. No lo entiendo, porque a día de hoy, en la web de las visitas guiadas se sigue indicando que sí es posible. En fin. Mi gozo en un pozo.

Me quedo dado una vuelta por el barrio, muy animado e iluminado. Mientras, aprovecho también para buscar un sitio donde cenar. Mi principal preocupación con las comidas es no encontrar sitios adecuados para comer. Tengo la idea de que en Japón todo lo que hay para comer es pescado y marisco. Los primeros lugares que veo en los que no hay sólo pescado y marisco están llenos. Veo otros sitios en los que se sirve casquería. No me apetece comer hígado o lengua. Me empiezo a asustar. Si va a ser así todos los días de mi estancia en Japón lo voy a pasar bastante mal con las comidas.

Todo está en japonés. Lo bueno es que a la entrada de los restaurantes tienen una muestra de plástico de los postres que sirven y su precio. Las cartas también tienen una fotografía de los platos y algunas están en inglés. Lo malo, es que aunque veas la foto o el plato de plástico, no sabes si estás comiendo carne o pescado si no lo indica en inglés. Me empiezo a angustiar.

Mi primera comida en Japón

Veo en un restaurante una foto de un menú con arroz, sopa y tallarines. El arroz va con algo empanado, veo que dice chicken, así que decido que esto es lo que voy a cenar esta noche. En este restaurante no se pide a un camarero, si no que vas a una máquina, eliges el plato que quiere, lo pagas y te devuelve el cambio y un recibo que entregas al camarero para que te preparen lo que has pedido. Te sientas mirando a la pared en una barra larga. Hay un par de mesas, no muy grandes, por si vas acompañado.

Cuando entrego mi recibo a la cocinera me pregunta por el tipo de tallarines que quiero, delgados (que se llaman soba) o gruesos (que se llaman udon). Claro, me lo dice en japonés y me quedo mirándola pasmado. Me señala la muestra de tallarines que tiene en la ventanilla. Señalo los finos.

Al cabo de un rato me sirve la bandeja con mi menú. Tiene buena pinta. Lleva también un platito con lo que creo que deben ser unos trocitos de pepinillo o ciruelas en vinagre (no sé qué sería), que están terriblemente fuertes, pero me gustan. Pues todo esto me ha costado 630 JPY, que no es nada caro. Para beber, agua, toda la que quiera que puedo coger en una máquina.

Por cierto, que no me ponen cubiertos occidentales. Todo lo que he comido en Japón ha sido con palillos, salvo alguna rara ocasión. Comer fideos con palillos es fácil, pero el arroz es otra historia.

Mi primera comida en Japón. Salgo satisfecho. He comido bien y no ha sido caro. Doy otra vuelta por Shinjuku. Ahora me fijo en que además de los restaurantes que hay a pie de calle, también hay restaurantes en las diferentes plantas de los edificios. Por lo que veo, un edificio puede tener un restaurante en el sótano, una tienda a nivel del suelo, una cervecería en la primera planta, un karaoke en la segunda y un restaurante en la tercera, y así hasta todo lo alto que es el edificio.

La ciudad por niveles ha sido un concepto que me ha costado asimilar, pero cuando eres consciente de cómo funciona, ves que hay una cantidad y variedad tremenda de posibilidades.

Sigo andando y veo en el mapa que me estoy acercando al “Golden Gai”, así que decido ir a verlo. Es una pequeña área de callejas estrechas y bares diminutos, muy muy animada. Hay mucha gente por las calles y los bares están repletos. Bueno, hay que decir que los bares se llenan con 5 personas y si hay 8 personas en un bar es porque está sobrepasado el aforo.  Tomarse algo, según dice en los carteles que veo, cuesta unos 1000 yenes y no tienen cover charge (extracoste por servicio o cubierto). No obstante, aunque hubiese querido entrar en alguno, no hubiese podido ya que todos estaban abarrotados (con 10 personas).

Doy una tranquila vuelta por las calles. Las casas son de dos plantas, estrechísimas también. No tienen pinta de ser muy cómodas. Me da la impresión de que este barrio tiene los días contados. En el espacio que ocupa se puede levantar un edificio moderno de mayor o menor altura que puede albergar a los actuales habitantes y sus bares y sobra espacio para más personas.

Regreso a la estación de Shinjuku para volver al hotel. Compro el billete en la máquina. Ya controlo cómo hay que hacerlo. Llego en 25 minutos a la estación de Ryogoku. Antes de entrar en el hotel miro los restaurantes que hay por la zona. Casi todos los restaurantes tienen todo escrito en japonés. Resulta difícil adivinar lo que vas a comer sólo por la foto de la carta o el plato de muestra.

Día largo. Aún tardaré un rato en irme a dormir.   

TOKIO. 2º DÍA.

No he dormido tan bien como esperaba. El hotel es tranquilo, la cama es cómoda, he dormido poco el día anterior. Se supone que estoy lo suficientemente cansado como para dormir del tirón, pero no.

He decidido que voy a levantarme todos los días a las 8 de la mañana, quizás algo tarde, pero me cuesta muchísimo levantarme pronto. A ver si a las 9 puedo estar ya en marcha. El desayuno del hotel está bien. Hay de  tipo occidental y oriental. El oriental tiene arroz, tallarines, sopas y otras cosas que no sé lo que son. El occidental dispone de huevos, salchichas, beicon, cereales. Pruebo un poco de todo, pero no tallarines ni arroz, que a esta hora no me apetece. No me entretengo mucho, pero sí después en la habitación preparándome para salir.

Mi intención hoy es visitar el museo del Sumo y el museo Edo, que están al lado de mi hotel, pero resulta que al ser hoy lunes y están ambos cerrados, así que prosigo con el plan para hoy. Me acercaré andando hasta la zona de Asakusa, donde se encuentra el santuario Senso-ji. En el camino paso por un parque muy agradable donde hay un edificio estilo pagoda que se corresponde con el museo-memorial del terremoto de Kanto de ocurrido el 1 de septiembre de 1923 que destruyó Yokohama y otras ciudades y que mató a más de 100.000 personas. Está cerrado también por ser lunes.

Paso también cerca de la torre Tokyo Skytree, la torre más alta de Japón abierta en 2012 con 634 mts. No soy de los que les llama la atención ver las ciudades desde lo alto, sobre todo si hay que pagar demasiado, y en este caso son unos 2000 yenes, así que ni me acerco a la torre. Prosigo mi recorrido y enseguida llego a la estación de metro de Asakusa. Desde aquí sigo, más o menos, el recorrido que propone la guía Lonely Planet por el barrio.

En seguida llego al Senso-ji, el templo budista más antiguo de Tokio. A la entrada hay una zona de tiendecitas que venden recuerdos y dulces, principalmente. Hay mucha gente visitando el templo, japoneses y turistas. También hay mucha gente, sobre todo chicas jóvenes, vestidas con el traje tradicional japonés, la yukata, que se diferencia del kimono en el tejido del que están hechos. Pregunto a unas chicas si se celebra alguna fiesta y me contestan que no, que se visten así por diversión.

El área del templo es muy agradable, pero hay demasiada gente.  Aún no sé diferenciar los templos budistas de los santuarios shintoistas. El Shinto es la religión autóctona de Japón. Posteriormente llegó el budismo tras pasar de la India a China y de aquí a Corea. En la actualidad, ambas religiones están mezcladas, lo que me recordó a lo que vi en Nepal, en donde está la gente es tanto el budista como induista.

Continuo la visita por el barrio. En general, no me parece que tenga nada de especial. Son calles amplias, dispuestas en cuadrícula, con edificios no muy altos. Termino la ruta en la calle de las tiendas de hostelería, una avenida con tiendas a cada lado en la que puedes comprar maquinaria, mobiliario y menaje para restaurantes. También se pueden comprar las muestras de plástico de los platos que hay dispuestas a la entrada de los restaurantes.

Prosigo el camino a pie hasta el barrio de Ueno. El camino no tiene nada interesante ni digno de mención. La estación de Ueno es muy grande, como casi todas las estaciones de tren que he visto. Aquí puedo hacer el cambio del bono que compré en Madrid del JR Pass por el billete definitivo, así que procedo al cambio.

Hay una pequeña oficina muy bien señalada donde se realiza el canje. Las personas que me atienden hablan un inglés muy bueno y me explican con detalle cómo funciona: primero eliges qué día quieres que empiece a ser válido. En mi caso, quiero que se active el día 30 que es cuando tengo pensado ir a Nikko. Una vez que has dicho el día te indican hasta qué día será válido y te piden la conformidad para emitir el billete definitivo, que desde ese momento ya no se podrá cambiar. El billete definitivo es una tarjetilla que indica las fechas de validez, pegado en una tarjeta más grande tipo díptico y plastificado.

Lo siguiente es explicarte cómo debes acceder a los trenes: si tienes reserva, deberás ir al vagón y asiento que se te ha asignado en la reserva. Si no tienes reserva, cuando estés en la estación debes verificar en el panel qué vagones son los que puedes utilizar sin reserva y una vez en el vagón sentarte donde esté libre.

En Japón me ha parecido todo mucho más sencillo de lo que parece a priori, y utilizar los trenes es de esas cosas tremendamente sencillas.

Junto a la oficina de canje del JR Pass se encuentra la oficina para realizar las reservas de viajes en tren. No hay mucha gente, así que aprovecho y así ya tengo algo menos de lo que preocuparme. Saco los billetes de ida y vuelta a Nikko y de Tokio a Kioto. Cuando reservas billetes te marcan con un sello en la tarjeta del JR Pass y te dan los billetes en los que se indican los horarios de salida y llegada a destino y, por supuesto, las estaciones.

Ahora me toca lo más difícil: elegir un sitio para comer. Decido probar en la estación, donde hay varios restaurantes, a ver si hay suerte y en alguno sirven algo que coincida con mis gustos. Después de un par de vueltas entro en uno que veo que tienen para comer carne. Pido un filete con patatas, que resulta ser una especie de hamburguesa. He comido bien por 1.134 yenes, un precio adecuado.   

Prosigo la visita. Entro en el parque de Ueno, donde hay varios museos, pero como es lunes, está todo cerrado, así que paso muy rápido por la zona. Sigo caminando hasta la zona del cementerio de Yanaka. Hay varios cementerios chiquitines por los alrededores. Me gusta ver las costumbres funerarias de otros países. En Japón veo que no hay demasiada diferencia a la hora de enterrar a la gente, salvo que todo está escrito en japonés. Sí noto que los cementerios tienen las sepulturas bastante apiñadas.

Llegando a la a estación de tren de Nippori giro a la izquierda, según indica el recorrido de la guía para ver la zona de Yanaka Ginza. Es una zona de tiendas  que no me llama mucho la atención. No le veo el interés, así que decido volver al hotel, aunque no directamente. Regreso a la estación de Nippori donde tomo la línea Yamanote hasta la estación de Tokyo (160 jpy).

Lo primero que hago es preguntar en la estación de autobuses de la línea JR por los horarios de autobuses a Fujiyoshida. Según he leído en la cartulina en la que me entregaron el JR Pass, los autobuses de JR están incluidos, y la línea JR Kanto te lleva al Mt. Fuji. Sin embargo, cuando pido los billetes, me indican estos autobuses (expressway bus) no están incluidos en el pase. Me acerco a la oficina del JR pass que hay en la estación de Tokio a enterarme bien. Me confirman que, efectivamente, estos autobuses no están incluidos y me dan una octavilla con un mapa de cómo llegar a Fujiyoshida, que me parece un tanto liosa. Prefería ir al monte Fuji en autobús, mejor que en tren, que además me hubiese costado más barato (1.800 yenes ida y vuelta contra los 2.040 que cuesta ir y volver en tren aun teniendo el JR Pass).

Si quiero ir en autobús hay que pagar, así que ya decidiré si voy en bus o en tren. Me acerco a la entrada del palacio imperial de Tokio para comprobar los horarios de visita. En realidad solo voy a poder visitar los jardines, ya que el palacio no se puede visitar durante los días que pasaré en Tokio.

Atravieso toda la zona oficinas. Al ser de noche no hay casi nadie por la zona, ni tan siquiera circulan coches. En la entrada al palacio ya está solo el guardia. Miro la información que hay fuera y sigo caminando. Ahora quiero ir al barrio de Ginza. Me siento un momento en un banco para tomar alguna foto. Hay muchísima gente corriendo por aquí. Me supongo que darán la vuelta al perímetro exterior del recinto del palacio. Me llama la atención que muchos de los corredores no tienen una buena técnica. Serán corredores ocasionales. No sé por qué razón, pero en mi mente no veo a los asiáticos como deportistas, por lo que ver tanta gente corriendo me sorprende bastante.

Tras una media hora de caminata llego al barrio de Ginza. No me llama mucho la atención. Tampoco hay demasiada gente. Decido buscar un sitio para comer, pero no veo nada que me llame la atención. No he caído en entrar en los edificios, que muchos son centros comerciales y tendrán restaurantes. Al final, entro en un 7Eleven y compro fruta y una ensalada (630 yenes) que me como sentado en uno de los poquísimos bancos que he visto en la zona. A lo mejor tenía que haberme acercado a la estación de tren de Yurakucho para haber encontrado algo mejor, pero sigo sin pillarle el tranquillo a esto de buscar un sitio para comer.

Después de la cena, como he visto que la Tokyo Tower está a unos 20 minutos a pie, me acerco andando. No tengo intención de llegar hasta la torre, pero sí de acercarme para ver el camino e ir más rápido al día siguiente. Es curioso, pero las calles están vacías. No hay casi nadie andando. Tampoco hay circulación. He preguntado un par de veces por la torre, lo cual quiere decir que se me está haciendo el camino más largo de lo que esperaba. Finalmente llego al parque Shiba, donde me detengo. No voy a seguir andando hasta la torre. Aprovecho para tomar algunas fotos de la torre iluminada.

Vuelvo sobre mis pasos hasta la estación de Shinbashi donde tomo el tren de vuelta al hotel. Antes de volver a la habitación paro en un Family Markt para comprar agua (98 jpy).

TOKIO. 3er DÍA.

No he dormido esta noche mejor que la anterior. Me levanto a las ocho y bajo a desayunar. Hoy ya tengo decidido lo que voy a comer, así que tardo menos que el día anterior. Sin embargo, en prepararme para salir del hotel tardo bastante más.

Acabo de darme cuenta que necesito cambiar la batería de la cámara de fotos. Cuando voy a buscarla a la maleta no la encuentro. En su lugar hay un papel que dice que según la legislación china está prohibido volar con baterías en el equipaje facturado, por lo que han procedido a su confiscación (o como lo quieras llamar). Pues me molesta bastante, porque en el viaje que hice en enero no me dejaron entrar con unas simples pilas en el equipaje de mano y las tuve que abandonar. Por eso llevaba la batería en el equipaje facturado, pero parece que en este caso tenía que haber llevado la batería conmigo en el equipaje de mano. A día de hoy sigo molesto.

Mi primera parada va a ser el museo del sumo. Casi todos los carteles están en japonés, por lo que no entiendo mucho lo que estoy viendo. No es muy grande y se ve rápido. No me ha llamado mucho la atención.

Me acerco después al museo Edo. La entrada cuesta 600 yenes. Al entrar veo que ofrecen servicio de guía gratuito, así que pregunto si lo tienen en español. Parece que sólo lo tienen en inglés y alemán, y por supuesto, en japonés. Hacemos la ruta tres personas, una pareja de Hong Kong y yo, más la guía, una señora mayor. Por lo que he visto en Japón se lleva mucho el servicio de guías voluntarios. Son guías voluntarios y gratuitos.

En el museo Edo hay una representación de cómo era la vida en Tokio desde hace 400 años hasta prácticamente nuestros días, con representaciones de viviendas y cómo era la vida en cada período. Lo bueno de ir con guía es que, además de la información que te proporciona, puedes hacer todas las preguntas que desees, sobre aquello que tengas curiosidad, aunque como yo estoy recién llegado, y he visto aún poco, aún no tengo demasiadas preguntas.

La visita se hace en dos partes ya que dura un buen rato, pero como mis compañeros chinos deciden no seguir con la segunda parte y la guía no tiene inconveniente lo hacemos todo del tirón. La segunda parte es más corta y es la que va desde la era Meiji hasta nuestros días.

Me ha gustado mucho este museo.  Me ha llamado la atención ver una copia del acta de rendición de Japón después de la II Guerra Mundial. Me ha hecho gracia ver que el representante de Canadá estropeó el documento firmando en el lugar designado para el representante francés y los tachones que hubo que hacer para corregir el error. Según parece este error fue en la copia para Japón. La copia de los aliados no tiene este error.

Al salir del museo en lugar de volver a la estación de Ryogoku decido ir andando hasta la anterior, la de Kinshicho para ver cómo es el barrio. Es una zona de calles amplias en cuadrícula con edificios nuevos. Nada especial.

Es la hora de comer. Paro en un 7Eleven para comprar algo de picar. No obstante, según voy avanzando hacia la estación empiezo a ver qué opciones hay para comer de verdad y veo que casi todo son restaurantes de pescado o que todo está escrito en japonés y no tengo ni idea de lo que se puede comer. Un poco a la desesperada entro en el burguer y pido un menú completo (880 yenes). Será la única vez que coma este tipo de comida durante este viaje.

Mi siguiente parada es la estación de Tokyo para ir al palacio imperial (tren Kinshicho a Tokyo: 200 jpy). La salida este de la estación de Tokyo es la histórica. Similar más a un edificio europeo de principios de siglo XX que a un edifico asiático. Atravieso rápido la zona de oficinas hasta la entrada a los jardines del palacio, donde registran amablemente la mochilita que llevo. El acceso a los jardines es gratuito. Por control te dan una ficha a la entrada que debes devolver a la salida. Hay pequeño un museo en el que se muestra una colección de cajitas de plata. El resto de los jardines, en mi opinión, no tienen el más mínimo interés. Para mi gusto hay demasiado asfalto, muy pocos árboles y, en general no tienen ningún encanto. Estoy el tiempo justo y me marcho.

A la salida del palacio charlo con una chica italiana que está viviendo en Tokio con una familia para aprender japonés. Está utilizando una cámara Polaroid moderna, pero de esas antiguas que que revelan la foto en el acto. Le comento que aún no he utilizado el metro pues no termino de apañarme con las diferentes líneas. Me comenta que es algo complidado, pero que existe una aplicación para el móvil que te facilita muchísimo utilizar el metro.

Vuelvo a la estación de Tokyo para ir al barrio de Ginza y echar un vistazo con la luz del día. Voy andando por el barrio que está en la salida oeste de la estación. Otro barrio de calles cuadriculadas y amplias, pero con edificios más altos que los que había por la zona de Ryogoku. Bastante anodina también.

Llego a Ginza con la idea de visitar la tienda de Sony, que, según las guías, dispone de grandes novedades futuristas en cuestión de electrónica. A la llegada al edificio una pequeña nota indica que están en obras y que han cambiado de dirección. Hay una pareja de italianos que venían a lo mismo que yo y empezamos a charlar. Vamos juntos hasta el nuevo edificio, charlando sobre nuestro viaje, por supuesto. Tienen idea de viajar a Nikko, pero no saben si ir y venir en el día o quedarse allí. Como yo voy a ir y volver mañana en el día, les comento que desde mi punto de vista no hay mayor problema en hacerlo como yo lo hago.

Al llegar a la tienda, nos separamos, aunque como es un tanto pequeña, nos estamos viendo todo el rato y comentamos los productos que vemos. A todo nos parece que no hay nada del otro mundo. Quizás algún modelo que aún no está disponible en Europa, pero no es tan fantástico como te lo pintan en las guías. Supongo que Sony pagará por que las guías de viaje digan eso. No estamos mucho tiempo porque no hay nada que pueda interesarnos. Abandonamos el edificio y nos despedimos.

Tomo el tren en la estación de Shinbashi para ir hasta Shibuya. Hay que hacer una visita al famoso paso de peatones. Saco algunas fotos desde la parte alta de la estación que hay buenas vistas. Casi todo el mundo te dice que entres en el Starbuck que hay en uno de los edificios para tomar fotos. Yo entro, pero hay demasiada gente y la vista me parece mucho más fotogénica la que hay desde la estación. Tomo unas cuantas fotos más en la calle.

Voy a acercarme a pie hasta Shinjuku. Mi intención era visitar el parque de Yoyogi y ver un poco la zona.

Es la hora de la merienda y veo en un bar que puedo comer unos gyoza, unas empanadillas muy parecidos a los momos que comía en Nepal. Antes de sacar el recibo en la máquina le pregunto a un chico que acaba de sacar uno si los gyoza es carne o pescado. Me dice que son de carne, así que voy a probarlos. También pido una cerveza, algo cara (500 yenes).

Es un bar en el que te sientas en una barra. Al otro lado de la barra está la cocina. Según te van preparando los platos te los van sirviendo. Creo que estoy empezando a entender cómo funciona el tema de las comidas en este tipo de bares.

Tras tomarme las gyoza y la cerveza prosigo mi camino. Doy primero una vuelta por el barrio y entro en una tienda de discos donde un grupo está dando un concierto. No entiendo nada de lo que dicen, pero debe ser una especie de canción crítica hacia Donald Trump, pues tienen fotos suyas. Los integrantes del grupo están dando el concierto en calzoncillos. Lástima no entender lo que dicen.

Prosigo el camino. Abandono la zona comercial. La zona en la que estoy ahora no está tan iluminada, más bien es una zona oscura. No hay mucha gente ni hay casi circulación de vehículos. Es algo que me empieza a llamar la atención: pese a lo densamente poblado que está Tokio, hay zonas en las que no hay casi gente andando por las calles. Tampoco he visto los atascos que hay en Madrid y la circulación es mucho menor que un día cualquiera en Alcorcón.

También me llama la atención mucho, que aunque todos nos imaginamos Japón como un lugar extremadamente iluminado, saliendo fuera de lo que podríamos denominar el centro (hay varias zonas que se pueden considerar el centro en Japón), el resto está iluminado lo justito, no como en España que parece que queremos que de noche sea como si fuese de día. En España sobreiluminamos las calles. Somos como niños pequeños que nos da miedo la oscuridad y tenemos que dejar la luz encendida para poder dormir por las noches. Supongo que es por esto que no entro en el parque Yoyogi y sigo el camino hasta Shinjuku, aunque no tenía idea de volver.

El camino es largo. Salgo directamente al ayuntamiento, y como voy bien de hora, decido subir a tomar unas fotos nocturnas. No estoy mucho tiempo. Hablo con unos españoles que llevan un mes de vacaciones en Japón. Han alquilado un coche y me comentan que con gps es bastante sencillo moverse. También me dicen que las autopistas son carísimas y como ejemplo me dicen que 5 horas de autopista les ha costado 100 euros (aprox. 130.000 yenes).

Voy a la estación de Shinjuku y busco un sitio para cenar. Entro en un restaurante de estos pequeños que te sientas en una barra, aunque yo me siento en una mesa. Aquí un camarero te trae la carta y te sirve los platos, ya estés en la mesa o en la barra. Cuando terminas pagas en caja. He comido bastante bien y barato. Sí, ya le estoy cogiendo el truco.

No me quedo más en la zona. Tomo el tren para ir a Akihabara, que es el barrio para aquellos a los que les gusta el manga y el anime.Cuando llego, casi todo está cerrado. No es muy tarde y me sorprende. Doy una vuelta y como no parece que haya mucha vida me marcho hacia el hotel. Voy andando. Según el mapa no está muy lejos, y no lo está, pero el camino es más largo de lo que pensaba. Nuevamente, fuera de la zona más céntrica no hay casi gente por la calle ni muchos coches circulando.

Antes de entrar en el hotel paro para comprar agua y algo de picoteo para mañana para mi visita a Nikko.

TOKIO. 4º DÍA.

Hoy toca visita a Nikko. Tengo el billete de ida en el tren bala que sale de la estación de Tokyo a las 10:12. Llego a Utsunomiya, a 128 kms de Tokio, a las 11:05, donde tengo que cambiar de tren a uno regional que no se reserva hasta Nikko.

Ya tengo activo el JR Pass, así que ya no tengo que comprar billete para ir a la estación de Tokyo. Al llegar a la estación de Ryogoku enseño el pase en la ventanilla que hay junto a los accesos y paso sin más.

Los japoneses son bastante delgaditos y aun así veo que transpiran muchísimo. Hace calor y se nota la humedad del ambiente, pero no tanto como para sudar la gota gorda, como los japoneses. Muchos llevan una toallita para limpiarse el sudor. Yo, aunque tengo calor, no sudo tanto como ellos.

Enseguida estoy en la estación de Tokyo y me dirijo a la estación de Shinkansen, el tren rápido. Está en el mismo edificio, pero se accede por otra parte. Para entrar hay que enseñar el JR Pass en ventanilla. El billete que te han entregado con la reserva no sirve para pasar los tornos de acceso.

Los trenes, pese a ser segunda clase, son bastante cómodos y el espacio de los asientos muy amplio. Tienes una mesita plegable y de vez en cuando pasa alguien con un carrito por si quieres comprar algún tentempié. El paisaje que atravieso es todo urbano. Por curiosidad enciendo el gps del móvil para ver la velocidad que alcanza el tren: 270 kms/h. No está mal.

En Utsunomilla tengo que esperar casi media hora en el transbordo. El nuevo tren, ya más antiguo, con los asientos a lo largo del vagón, como los del metro, sale a las 11:33 y tarda unos 45 minutos en recorrer los 38 kms.  a los que se encuentra Nikko, donde llego sobre las 12:15. Quizás tenía que haber salido una hora antes.

Justo a la salida del tren hay una oficina de turismo en la que paro para solicitar un mapa y que me señale los puntos de interés.

Hay un autobús que te acerca a la zona de interés, pero acaba de irse. Yo voy a subir andando. Son sólo 20 minutos. Pregunto una pareja de españoles hacia donde debo dirigirme, aunque tampoco es que tuviese muchas dudas. Mientras voy subiendo por la calle principal me voy fijando en los restaurantes para comer algo a la vuelta.

Por suerte se me ocurrió mirar la previsión meteorológica para hoy antes de salir y me he traido el paraguas y chubasquero porque, tal y como estaba previsto, ha empezado a llover. De momento no es una lluvia incómoda y persistente. Así llego al puente Shinkyo, un bonito puente de color rojo (bermellón supongo que sería más correcto) situado sobre la garganta del río. El original fue destruido en una riada a principios del siglo XX, así que este es una reconstrucción.

 

Le pido a unos americanos que me tomen unas fotos y charlamos un rato. Son dos amigos de Los Angeles y Denver que están de vacaciones. Al poco llegan los dos chicos españoles con los que hablé en la estación. Han decidido subir andando porque el autobús tardaba 30 minutos en volver. Vamos juntos hasta la entrada del santuario Toshogu (1.300 jpy). Me cuentan que viven en Bangkok y que están de vacaciones unos días en Japón. Cuando entramos en el santuario nos separamos para verlo a nuestro aire.

El santuario es magnífico. Se accede por un enorme torii de granito con una pintoresca pagoda de 5 pisos a la izquierda. De frente está el acceso al recinto.

Está lloviendo ahora de manera continua, aunque no con mucha fuerza, lo que hace resaltar el verde de los fantásticos cedros que hay en la zona y del musgo que cubre las piedras y árboles. Los diferentes edificios me parecen magníficos. En una de las salas, que tiene un dragón pintado en el techo, se hace una demostración de la acústica, golpeando dos tablas de madera. Muy curioso.

He disfrutado mucho con este santuario. Me acerco ahora hasta el santuario Furatasan. Bonito, aunque no me llama mucho la atención, así que en seguida estoy en el templo budista
Taiyū-in (550 yenes). Tampoco me vuelve loco.

Terminada la visita tomo un camino que sube hasta las cascadas shiraito. El camino se adentra en el bosque. Es un camino sencillo pero en continua ascensión. Sigue lloviendo y hay algo de niebla lo que da un aspecto un tanto misterioso al entorno. Los cedros que hay a lo largo del camino son enormes. Me está gustando un montón la ruta pese a la lluvia. Sin embargo, las cascadas me decepcionan. No son gran cosa. Avanzo un poco más pasadas las cascadas para ver un par de templos que parecen abandonados. Vuelvo por la carretera hacia el puente Shinkyo.

Ahora mi intención es visitar la garganta y el abismo Kanmangafuchi. Está más lejos de lo que parecía en un principio y ahora la lluvia algo más fuerte. Pregunto un par de veces a algunos turistas para ver si queda mucho. Llego a lo que en el mapa se denomina jardín de piedras, y entro en el camino de los Bake Jizo (fantasmas de piedra), unas estatuillas de piedra con gorro y babero de punto, que quiere servir de ayuda en el otro mundo a los niños fallecidos.

Tras un rato caminando llego a la garganta del abismo. Es bonito, pero no es un abismo o me lo imaginaba de otra manera. Descanso un poco en el cobertizo/mirador que hay y vuelvo hacia el pueblo.

Ha oscurecido bastante y cuando llego al puente la lluvia es bastante fuerte. De camino a la estación busco un restaurante donde comer, pero todos están cerrados. Decido volver a la estación y tomar el primer tren que salga de vuelta a Tokio.

La lluvia es fortísima. Pese al chubasquero y paraguas llego un tanto mojado a la estación, donde tengo que esperar un buen rato porque el tren salió hace poco. Charlo con unas chicas mexicanas que también están aquí de vacaciones. Comentamos nuestros itinerarios y vamos a hacer prácticamente lo mismo en los próximos días.

Como he llegado a Tokio una hora antes de lo previsto paso primero por el hotel a cambiarme un poco. En Tokio no llueve, hace calor. Tras cambiarme tomo el tren y vuelvo al barrio de Akihabara, el centro otaku. Hay más gente por las calles que el día anterior. Entro en algunas tiendas que venden figuras de personajes manga, bastante caras, por cierto, aunque me parece que más baratas que en España.

Hay muchos locales con máquinas de regalos. Son esas máquinas en las que echas una moneda y con un mando mueves un gancho que cuando pulsas el botón cae sobre un peluche y si tienes suerte y la garra lo engancha bien, el peluche es tuyo. Aquí, además de peluches puedes conseguir figuras manga, cojines, alfombrillas, y alguna otra cosa. He visto un peluche de Pikachu que parece bastante fácil de conseguir, así que me animo a echar una moneda. Cuando cae la garra, engancha perfectamente el peluche, lo eleva, pero cuando la garra llega al tope deja caer el peluche. No me parece que haya una razón aceptable para que el peluche haya caído ya que estaba bien agarrado, por lo que ve da la impresión de que la máquina está trucada para que no sea posible ganar fácilmente. Decido no jugar más, pero me quedo mirando como juegan otras personas a las que se ve muy enganchadas. Aunque he visto gente llevarse sin gastar mucho dinero el premio, lo normal es que tengan que introducir varias monedas unas tras otras. Las garras no tienen ninguna fuerza. Si agarras bien el peluche se te caerá seguro al subir. Hay muchas máquinas de estas por Japón y mucha gente jugando, pese a que me parecen un timo, y más cómo las tienen preparadas en Japón. Si aquí es difícil ganar, en Japón me parece imposible.

Es pronto aún para cenar en la zona, que he decidido abandonar porque no me está resultando demasiado interesante. Vuelvo al tren y me bajo en la estación de Akasukabashi, una estación antes de Ryogoku, para acercarme al hotel a pie.

Ceno en un bar de barra que hay a la salida de la estación de Ryogoky. Ya que me voy enterando de cómo funcionan estos restaurantes, voy a probar un poco de comida local. Pido unos gyoza, bambú, y alguna otra comida exótica que no recuerdo. Nuevamente he comido bien y no he gastado mucho dinero, así que me voy satisfecho. Ya me voy enterando de cómo funciona esto.

TOKIO. 5º DÍA.

Hoy toca la visita a Kamakura. Como se va en tren regional, no se puede hacer reserva. Voy a hacer el camino del Daibutsu, desde la estación de Kita-Kamakura, para luego volver en tren desde la estación de Kamakura, en el centro de la ciudad.

Salgo de la estación para comenzar la ruta, como siempre algo despistado. En seguida llego al templo Jochi-Ji en el que entro a echar un vistazo (200 jpy). Es un templo zen muy agradable, una rama del budismo. En los jardines está el dios de la suerte, al quien hay que frotarle la barriga.

Me cruzo en este templo con otra turista que va grabando absolutamente todo lo que va viendo. Supongo que será una de estas persona que tienen un blog en internet de verdad, no como el mío. No me gusta ver las cosas a través de la cámara, por eso yo no puedo tener un blog de referencia.

Comienzo el camino del Daibutso, un tanto a ciegas. No hay demasiados carteles, así que lo voy mirando el mapa del teléfono. Me despisto alguna vez. El camino discurre por un bosque bastante agradable (me encanta la naturaleza). El día está nublado, pero hace calor y, aunque no es un camino con mucho desnivel, se suda yendo hacia arriba.

En la mitad de la ruta se encuentra el santuario shintoista Zeniarai Benten, donde hago una parada para su vista, y donde vuelvo a coincidir con la turista que lo va grabando todo. Al parecer, si lavas tu dinero en este templo, conseguirás doblarlo.

Prosigo el camino, desde aquí es ya cuesta abajo. Veo un cartel que indica que desde ese punto hay vistas del Mt. Fuji. Está nublado. No se ve. Mañana voy para allá y ya tengo bastante asimilado que seguramente no vea el monte, aunque espero que sí pueda subirlo.

El camino completo, si lo conoces,  no debe llevar más de una hora. Yo he tardado algo más porque no conocía el camino.

El final del camino hasta el templo Kotoku-in, donde se encuentra el gran Buda es por carretera. Después de estar por el bosque queda muy feo este final, pero, ¡qué le vamos a hacer!

La entrada para ver al Buda de Kamakura cuesta 200 yenes. Pagando 20 yenes más puedes acceder al interior de la estatua. Está situada en un patio amplio, con montañas al fondo. Paso un buen rato tomando fotos.

Voy ahora hacia la playa. Vuelvo a cruzarme con la turista bloguera. Nos saludamos. Ya no vamos a volver a cruzarnos. La playa me decepciona. Es todo demasiado gris: el cielo, la arena, los edificios. Decido ir al centro, hacia la estación de tren. El centro de la ciudad me resulta más agradable que la zona de playa.

Paro para comprar unos plátanos. Es curiosa la forma de pagar de los japoneses. No dan el dinero directamente a quien está en la caja, sino que lo dejan en una bandejita sobre el mostrador. Después el cajero recoge la bandejita, y cuenta el dinero. Cuando pago hago lo mismo aunque supongo que no lo hago igual que ellos. Para mí, pagar y recibir el cambio no es tan ceremonial ni trascendente.

No estoy mucho tiempo más. Me vuelvo a Tokio. Aún tengo que ir a la Tokyo Tower a tomarme unas fotos, por lo que me apeo en la estación de Hamamatsucho, desde donde me acerco a pie atravesando el parque Shiba. Quiero una buena foto de la torre, lo cual no es fácil, porque si estás demasiado cerca no entra en la cámara o te la tapan los árboles. Finalmente encuentro un punto que me gusta, en la parte de arriba, pasada la torre. Tomo unas cuantas fotos, que siguen sin ser las que me gustaría tener. Aprovecho que hay una pareja de japoneses haciéndose fotos para pedirles que me saquen alguna. En el momento que va a disparar la cámara, se me queda sin batería. Amablemente se ofrece a tomarme una foto con su cámara y a enviármela por correo electrónico. Se lo agradezco un montón. Ahora es mi turno de tomarles unas cuantas fotos con su cámara. A mí no me importa hacer fotos con la cámara a la gente. Siempre he considerado que tengo un buen ojo para elegir vistas fotogénicas, aunque no se me da tan bien tomar las fotos, pues no entiendo mucho las cámaras más allá de apretar el botón de disparo.

Mañana salgo de viaje hacia el Mt. Fuji, así que me voy pronto para el hotel para recoger y repararlo todo para el día siguiente. Ceno por la zona del hotel en un bar de barra.

FUJIYOSHIDA.

He decidido ir en tren a Fujiyoshida, aunque sea más caro. Ciertamente, la diferencia de precio, son 3 euros al cambio, que es una diferencia ridícula.

Tampoco he hecho mucho caso del mapita que me dieron en la oficina del JR Pass de la estación de Tokyo. Pregunté anoche en la ventanilla de la estación de Ryogoku y la chica que me atendió me dijo que lo mejor era ir a Shinjuku y allí tomar el tren hasta Otsuki en donde hay que volver a hacer transbordo hasta la estación de Fujisan. El trayecto de Otsuki a Fujisan lo realiza  la compañía Fujikyu Railway, por lo que el JR Pass no es válido.

El trayecto en tren hasta Otsuki es bastante cómodo. En la estación de Otsuki  no hay que andar mucho para tomar el tren al monte Fuji. Al ser aún temporada alta, tienen previsto que vaya mucha gente para subir el Fuji y hay varias personas de información que hablan inglés, te dan información sobre las rutas de ascenso y transportes y te ayudan a comprar el billete, que cuesta 1.020 yenes. El trayecto hasta la estación de Fujisan (también se puede ver en los mapas como Mt. Fuji, en inglés) dura aproximadamente una hora. No consigo ver durante el viaje el volcán porque el cielo está completamente cubierto.

Creo que la mayoría de la gente elige Kawaguchiko para su estancia en la zona. Yo he elegido Fujisan porque es la primera parada de la ruta de autobuses que suben a la 5ª estación del Mt. Fuji. Como he leído por todas partes que hay tantísima gente, no quería quedarme sin plaza en el autobús, ya que Kawaguchiko es la segunda o tercera parada de la línea.

Han sido unas dos horas de viaje hasta Fujisan. Fujiyoshida y la estación de Fujisan se encuentra en el lado noreste del Mt. Fuji. No hay que confundirlo con las estaciones de Fuji y Fujinomiya, que se encuentran justo en el lado opuesto, al suroeste. Salgo de la estación y me dirijo hasta mi alojamiento, Maisan-chi Guesthouse&Café, un pequeño alberque del que los comentarios que he visto antes de reservarlo son muy muy requetebuenas. Nadie tiene un comentario malo.

He calculado el tiempo para llegar al albergue cuando esté abierto, ya que cierra por la mañana para limpieza. Llego al mismo tiempo que la dueña del albergue, que mira el reloj y me comenta que aunque quedan diez minutos para la hora de abrir puedo pasar pues es ridículo hacerme esperar por 10 minutos. Tras los trámites de registro me conduce a mi litera y me enseña el resto del albergue. Es un albergue pequeñito. Mi habitación tiene cuatro camas colocadas en pequeños apartamento privados. Los comentarios no mentían, el lugar está impecable, limpísimo. Es un lugar donde me siento a gusto y eso le digo a la dueña, que me gusta mucho el lugar.

Me acomodo en mi cubículo, que dispone de un diminuto armarito para dejar el equipaje y un casillero con llave para guardar objetos de valor. También dispone de varios enchufes, de tipo japonés y usb, lo cual está genial. El güifi funciona fantásticamente. Tampoco yo puedo decir nada malo de este alojamiento.

Tras acomodarme salgo a dar una vuelta por Fujisan y sobre todo enterarme de cómo ir mañana a la 5ª estación del Mt. Fuji. Me acerco a la estación de tren. Junto a ella está la estación de autobuses. En la taquilla hay una chica joven, así que supongo que hablará inglés. Dado que el autobús sale a las 6:30,la taquilla está cerrada a esa hora y un cartel indica que no se puede subir a los autobuses sin billete, necesito saber cómo tengo que hacerlo. Me confirma que el billete de ida y vuelta se puede comprar directamente en el autobús al día siguiente. Perfecto.

Me quedo en la estación viendo el centro comercial que hay. Aquí descubro las tiendas Daiso, que son una cadena que hay en Japón con productos de todo a 100 yenes. Compro algo de picoteo para la ascensión de mañana y algunas chorraditas electrónicas. Es cierto que los precios son todo a 100, pero cuando pagas te incluyen el 8% del IVA.

Vuelvo al albergue a dejar las compras y salgo de nuevo a dar una vuelta por la ciudad y ver dónde puedo cenar. Todo está muy tranquilo y no hay gran cosa más allá del centro comercial de la estación, un restaurante y un 7Eleven. Hubiese querido acercarme hasta el parque Arakurayama Sengen, desde donde se puede hacer una bonita foto con pagoda del Mt. Fuji, pero el cielo está completamente cubierto y no se vería nada.

Mañana tengo que levantarme a las 5:30, así que no me voy a entretener demasiado. Entro a cenar en el restaurante, pero no me convence demasiado. Tampoco me convence lo que hay en el centro comercial, que por otro lado está ya casi cerrado, así que decido comprar comida en el 7Eleven: un plato de espaguetis a la carbonara y un yogur. Los 7Eleven, Family Market y tiendas similares tienen todas un espacio para comida preparada que te pueden calentar allí mismo. Tienen bastante variedad de platos y es una buena opción para comer barato o no complicarse mucho la vida buscando un lugar para comer. No obstante, en este viaje sólo he utilizado esta opción en esta ocasión y la segunda noche de Tokio.

Cuando vuelvo al albergue hay una chica en la habitación. Se llama Jennifer, es americana y también va a hacer la ascensión, aunque ella lo hará en dos días y desde la base, haciendo noche en alguno de los refugios que hay en el volcán. Me hubiese gustado hacerlo así también, pero me agobiaba un poco dónde dejar la maleta. Ahora ya sé que en cualquier estación de Tokio hay taquillas en las que se puede dejar una maleta de tamaño normal por 400 yenes (creo recordar que al día). No recuerdo si había taquillas en la estación de Fujisan.

Ceno el plato que acabo de comprar en el 7Eleven y hago un poco de tiempo antes de irme a dormir: no se debe uno acostar nada más haber comido.

Ascensión al Mt. Fuji.

Me despierto a las 5:30. Desayuno en salón del albergue y me dirijo a la parada de autobuses. El autobús es puntual, como todo en Japón. No hay mucha gente en esta parada. Pagamos al conductor los 2.100 yenes que cuesta el viaje de ida y vuelta a la 5º estación.

Tal y como pensaba, en la parada de Kawaguchiko hay mucha gente. El autobús se llena aquí. Se sienta junto a mí un americano que también va a subir al Fuji. Trabaja para el ejército americano y tiene unos días libres que aprovecha para visitar esta parte de Japón.

Llegamos a la 5ª estación de la ruta Yoshida, la de color amarillo. Antes del viaje estuve dudando entre si hacer esta ruta o la que parte de Gotemba, más complicada por ser más distancia y tener más desnivel y porque  los autobuses para poder subir y bajar en el día sólo salían de estos dos puntos. No era así. El horario de los autobuses lo consulté en la web http://www.fujisan-climb.jp/en/, donde se ve toda la información para la ascensión, pero como empecé muy pronto a mirarlo, la información de los autobuses no estaba aún actualizada.

Cuando ya estaban los horarios de esta temporada, comprobé que en estas fechas los autobuses más madrugadores parten de la estación de Fujisan (Mt. Fuji) al norte y Fujinomiya al sur.  

Una vez el autobús ha llegado a la 5ª estación me sitúo en el mapa, después comienzo a andar. Un japonés mayor llama mi atención y me señala un cartel que dice que hay que pagar 1000 yenes. No lo entiendo. ¿hay que pagar por subir? Veo que el resto está tomando el camino sin pagar. Pongo cara de ¿qué me estás contando?. Me dice que es voluntario. No termino de entender lo que me cuenta y no sé para qué es el dinero. Parece que te dan un casco y ropa. Le digo que no me interesa y sigo el camino.

Tras unos metros casi en horizontal, comienza la subida. Ya todo el rato es subida hasta la cima. No es especialmente complicado, pero el desnivel es importante, por lo que subo tranquilamente con pasos cortos pero continuos. Es una suerte que esté nublado evitando así que el sol me de directamente.

A lo largo de la ruta hay varios servicios. Por lo que leo en los carteles son gratuitos, aunque se solicita un donativo de unos cuantos yenes. También hay unos cuantos refugios. Demasiados a mi entender.

Muchos de los que ascienden han comprado un palo de madera en las tiendas de la 5ª estación y cuando llegan a cada uno de los refugios (estaciones), se los marcan con un sello a fuego. El precio que tiene cada sello no es barato (entre 200 y 400 yenes) y, como he dicho, hay muchas (demasiadas) estaciones, así que completar el dichoso palo, sale por un buen dinero.

Durante el ascenso hablo con varias personas. Con quien más tiempo paso es con un soldado americano que ha venido con toda su compañía pues sus superiores les han puesto como tarea ascender al monte con todo el equipo. Van vestidos de paisano, pero llevan todos puestas el gorro y las botas militares y cargan con su mochila militar. También charlo y camino un buen rato con un chaval canadiense, al que me cuesta bastante entender. Me lo encontraré luego también a la bajada.   

Tardo unas dos horas y media en llegar a la cima. En realidad es en llegar al cráter. Para la cima aún hay que andar un ratillo más, pero mi mente ya me dice que lo he conseguido. Además, la zona del cráter es bastante más llana. Me tomo mucho tiempo para rodear el cráter. Una vez en la cima veo que hay mucha gente haciendo cola para sacarse una foto. Paso. Prefiero tomarme unas fotos a mi gusto, pero cuando voy a descender pienso que ¿por qué no voy a tomarme una foto de recuerdo en el monolito que indica la cima como hacen todos los japos?, así que me pongo a esperar la fila. La norma es que el que va delante te da la cámara para que le tomes unas fotos. Así me pasó a mí, y en lugar de dársela al que iba tras de mí se la di a la persona que me tomó la foto. Le pregunté por el significado de lo que hay grabado en el monolito, pero me dijo que su inglés no era tan bueno como para traducírmelo, así que me quedé con la duda y sigo con ella.

Abandono la cima, pero paro a comer unos metros más abajo. Después continúo mi camino. He pasado casi dos horas en la cima.

Pese a haber leído en todos los sitios que he visto que hay que tener cuidado al descender para no equivocarse de camino, cuando comienzo a bajar me doy cuenta de que en lugar de estar en el camino amarillo estoy en el verde. Menos mal que sólo han sido unos escasos metros. Vuelvo al camino principal que rodea el cráter y comienzo el descenso ya por el camino correcto.

La bajada es por un camino diferente al de subida. Ya no hay refugios ni construcciones. Es una pista. Es más natural. Me gusta más este camino, pero me cuesta bastante bajar. Se me están cargando mucho las piernas y no veo la hora de llegar a la 5ª estación. El día se está despejando y puede ver entre la bruma las ciudades que hay a la falda del volcán.

Por fin llego al final. Me ha resultado bastante molesta la bajada. No tiene ninguna dificultad, pero parece que mis piernas no aguantan como antes. Me sorprende muchísimo haber hecho una subida tan buena y una bajada tan mala.

La ruta en wikiloc: https://es.wikiloc.com/rutas-senderismo/mt-fuji-19516835

Me quedo un rato viendo las tiendas de recuerdos de la 5ª estación. Me llama la atención los esprais de oxígeno que venden por 1000 yenes y que he visto utilizar a algunos japoneses durante la subida. No me apetece estar más tiempo y me bajo en el primer autobús que sale, que se llena y tienen que habilitar un quinto asiento en el pasillo para que pueda entrar más gente.

Como a la ida, en Kawaguchiko se baja casi todo el mundo y quedamos unos poquitos en el autobús hasta la parada de Fujisan.

Cuando llego al albergue tengo dos compañeros nuevos: un australiano muy amigable que me ofrece una barrita energética y su mujer, que es japonesa. Me saluda muy cordialmente, chocando los hombros y me comenta que se va con su mujer a un onsen. Estuve tentado de decirle que les acompañaba, pero dado que era en Kawaguchiko,  me apetecía más quedarme tranquilo en Fujiyoshida.

Tras asearme y cambiarme en el albergue voy al único restaurante que he visto en la zona a cenar. Me encuentro en el restaurante con una pareja italiana con la que había coincidido en la cima tomando fotos. Pido un ramen, que está bien, pero me ha parecido demasiado caro para lo que he comido. Quizás tenía que haber vuelto a comprar algo en el 7Eleven y habérmelo comido en el albergue.

KIOTO.

Me noto cansado por la marcha de ayer. La bajada me va a pasar factura. Al desayunar veo por el ventanal que el Mt. Fuji está despejado y se puede ver la cima y casi todo el volcán, aunque de vez en cuando alguna nube se coloca en el punto justo para tapar la cima.

Después de darle muchas vueltas he decidido volver a Tokio para tomar allí el tren hasta Kioto. El camino más lógico era ir hasta Yokohama y allí tomar el shinkansen hasta Kioto, pero la diferencia de tiempo era muy pequeña y no me apetecía hacer más transbordos.

Abandono el albergue de camino a la estación. De camino intento tomar alguna foto de la montaña Fuji, pero o la perspectiva no es buena o las nubes lo tapan. Me resigno a no tener una foto de la montaña, aunque finalmente, en el trayecto en tren hasta Otsuki, consigo una foto.

Pago los 1.020 yenes del tren hasta la estación de Otsuki, donde cambiaré de tren hasta la estación de Tokio. El tren de Tokio a Kioto sale a las 12:30, con llegada a las 14:45. Una vez en la estación de Tokio compro algo para comer en una de las muchas tiendas que tiene la estación. Ya me voy enterando de cómo va esto de la comida en Japón.

Por supuesto, llego a Kyoto puntualmente. La estación es enorme y tengo que preguntar por el andén para cambiar de línea e ir a la estación de Nijo, desde donde hay unos 10 minutos a pie hasta mi hotel. Por suerte, en las estaciones de tren siempre hay algún punto de información con personal que habla inglés.

Mi hotel es el M’s Plus Shijo Omiya. El precio de la habitación incluye desayuno. La primera impresión es buena. La habitación es pequeña, pero suficiente para mi. Lo único que no me gusta es que pedí una habitación de no fumador, y aunque veo que hay carteles de no fumar, huele a tabaco y hay marcas de cigarros en el baño. Puede que ahora sea una habitación de un fumador, pero anteriormente ha sido de fumador.

Tras acomodarme, me marcho a visitar la ciudad. En realidad, más que de visita lo que hago es preparar un poco los siguientes días y situar los puntos de interés en el mapa.

En el camino desde la estación de tren al hotel he visto lo que me ha parecido una galería comercial y comienzo por aquí la visita. Ya he visto algo parecido en Tokio, en el barrio de Asakusa, aunque allí no le presté especial atención. Son zonas comerciales techadas y ésta en la que estoy ahora es muy grande. Se trata de una calle o varias calles cubiertas con tiendas, restaurantes, bares e incluso templos. Camino un buen rato por las diferentes callejas hasta que llego a una gran avenida muy cerca del río. 

A última hora encuentro un restaurante cerca de mi hotel que tiene buena pinta y entro a cenar. Es el típico restaurante japonés en el que te sientas en una mesa larga, aunque elijo sentarme en una de las dos mesas que hay tamaño burguer. Pido mi comida en la máquina, un menú que incluye sopa de miso y un filete de cerdo empanado (tonkatsu), arroz y algo que no sé lo que es, que parece un postre. La camarera me sirve un vaso de té y me deja la jara para que me sirva todo el que quiera, al tiempo que se lleva el recibo que me ha dado la máquina. También puedes servirte todo el arroz que quieras. He comido muy bien y volveré a comer o cenar en este sitio algunas veces más ya que me pilla bastante bien de camino al hotel o a alguna atracción turística.

Mi cena por unos 700 yenes

La visita.

Me he organizado algo mal la visita de esta ciudad y no he llegado a ver todo lo que tenía intención. Kyoto es una ciudad nueva y muy ordenadita. Te puedes mover en tren, metro y autobús. He ido andando a muchos sitios, lo que me ha hecho perder tiempo, pero el metro no me daba la impresión de llegar a todas partes y los autobuses no llegué a comprenderlos bien (tampoco me molesté mucho en intentarlo), aunque había bonos para viajar más económico.

Otra opción para visitar la ciudad es alquilar una bici. Kyoto es completamente plano, por lo que no es muy complicado hacer trayectos en bici. La única pega es que no puedes aparcar la bici en cualquier sitio, pues te multan y hay que dejarlas obligatoriamente en los aparcamientos habilitados para bicis. No recuerdo los precios por el aparcamiento de bicis.

- El palacio imperial. El primer día que fui era lunes y estaba cerrado, así que tuve que volver al día siguiente. La visita es gratuita y guiada por el exterior de los edificios. Hay dos turnos de visita en inglés, a las 10 y a las 14. Me decepcionó. No me pareció gran cosa.

- El bosque de Arashiyama. Tras mi fallido intento de visitar el palacio imperial fui a la zona de Arashiyama. Tenía muchas ganas de ver un bosque de bambú desde que vi la película “La casa de las dagas voladoras”. Se llega muy fácilmente en tren (JR Pass). La zona está repleta de turistas. Tiene habilitados unos caminos por los que pasear por el interior del bosque, no pudiendo salir de ellos.

Tanto el bosque como la zona alrededor es muy agradable, con mucha naturaleza aunque también con muchísima gente. Me encuentro con Jennifer, la chica americana que conocí en el albergue del Mt. Fuji. También estuve charlando con una pareja de mexicanos que iban dando una vuelta en bici.

- Templo Kinkakuji o templo de oro. Desde Arashiyama tomé el metro (220 yenes) hasta la estación de Ryoanji y desde aquí unos 10 minutos andando hasta la entrada al templo (400 yenes). Bonitos jardines y fantástica vista del templo, el lago y los jardines. Muchísima gente. Me encuentro con unos chicos de Madrid con los que cené un par de días antes que han alquilado unas bicis para hacer la visita de la ciudad.

- El castillo de Nijo. La entrada cuesta 600 yenes. Hay que descalzarse a la entrada para visitar los diferentes edificios de madera. Me gustó, aunque me llamó la atención que no hubiese ni un solo mueble.

- La zona de Pontocho. La callejuela no me llamó mucho la atención. Restaurantes y bares en general, y zona comercial de tiendas en los alrededores.

- La zona de Gion. Es la zona más visitable de la ciudad, la que tiene aún algunos edificios antiguos de madera. Aquí se pueden ver geishas (vi un par de ellas). Visité esta zona con uno de esos free walking tour. La guía hablaba perfecto inglés, sin acento oriental, lo que me facilitó mucho la comprensión. Nos dio una vuelta de un par de horas por la zona explicándonos historia y curiosidades sobre la ciudad y sobre Japón y los japoneses. El circuito me gustó, pero lo que vi me dejó un tanto frio. No me llamó tanto la atención. Al final de la ruta le di una propina de 1000 yenes. No sé cuánto le daría el resto de las personas del grupo. Repetí la ruta el último día por mi cuenta para detenerme más tranquilamente en algunos puntos y tomar fotos.

En esta zona se ven muchos japoneses que están de visita a la ciudad vestidos con el traje tradicional. Kyoto es vista como la ciudad más tradicional de Japón y cuando los japoneses la visitan quieren ir vestidos también de forma tradicional. Es como si en España, para visitar Segovia te vistieses al estilo de los Reyes Católicos.

- Santuario de Fushimi Inari. Se llega muy fácilmente en tren. Está justo a la salida de la estación. Fui dos veces, la primera por la noche y la segunda de día, para hacer el ascenso al monte. No es una subida complicada, pero estaba cansado y me costó. Se sube siempre pasando bajo puertas torii. Hay miles de torii. Los más grandes cuestan un millón de yenes, así que en este templo hay metidos miles de millones de yenes para obtener el favor de los espíritus.

- La zona de la estación JR, con el curioso edificio con la torre de comunicaciones. Aquí había una tienda de electrónica en la que vi el último modelo de mi cámara. Pregunté por el precio final y me dijeron que si pagaba con tarjeta me hacían un 5% de descuento, más un 10% por ser extranjero, así que se quedaba, al final, en unos 225 euros, la mitad de lo que cuesta en España (450 euros). Dudé en comprarla (sumergible hasta 30 metros, 4k,…) pero el menú solo estaba en japonés y/o inglés, así que no la compré, pero me lo pensé mucho.

A la salida de la estación, junto a la zona de autobuses hay una fuente en la que hacen un espectáculo de luz y sonido por la noche. No recuerdo la hora que era cuando lo vi.

- Templo Tokiwacho. Me costó llegar a las horas de visita de este templo budista. Cuando pasaba por aquí al final del día ya estaba siempre cerrado.

Algo que me ha llamado la atención de Kioto, y de Japón en general, es que las ciudades tienen distintos niveles: nivel de calle, nivel subterráneo y nivel en altura. Me empecé percatar de ello en Tokio, para los niveles de altura y en Kioto del nivel inferior cuando buscaba un baño.: bajé a una estación de metro y fue cuando me di cuenta que había una galería con restaurantes y tiendas que debía tener por lo menos un kilómetro, siguiendo la línea del metro. No estuve mucho tiempo en esta ocasión bajo tierra y volví a la superficie tan pronto como encontré el aseo, pero me puse una nota mental como algo a tener en cuenta, sobre todo a la hora de comer ya que me pareció que los restaurantes tenían mejores precios que los de la superficie y parecía una comida incluso más asiática.

HIROSHIMA.

Terminado el tiempo de estancia en Kioto, viajo a Hiroshima. Inicialmente no era una de las ciudades que iba a visitar, pero me llamó mucho la atención la posibilidad de visitar la isla de Miyajima, no tanto por los templos, sino por la posibilidad de realizar alguna caminata por interesante por la zona.

El shinkansen desde Kyoto a Hiroshima sale a las 12:46 con cambio de tren a las 13:23 en la estación de Shin-Kobe y llegada a destino a las 14:37. Me preocupaba un poco este cambio de tren, ya que sólo hay 9 minutos para hacerlo y si la estación es tan inmensa como casi todas las que he visto lo mismo podía perder el enlace. Pero en Japón todo es más fácil de lo que parece y resulta que te apeas del tren al llegar a la estación y en el mismo andén, a la hora indicada, aparece el siguiente tren. Hay que tener cuidado y estar atento a los carteles y a la hora, ya que en esos 10 minutos de espera en la misma vía han paran un par de trenes más con otros destinos.

Después de desayunar y hasta la hora de salida del hotel vuelvo a la galería comercial del primer día, a una tienda de todo a 100  (yenes) a comprar algunos chismes que había visto el primer día: artículos para té, almohada de viaje, chubasquero y alguna otra cosilla.

Vuelvo al hotel a recoger el equipaje y me marcho a la estación de tren.  Como en la estación algo rápido. Puntualmente aparece el tren y puntualmente llegamos a Hiroshima.

A la salida de la estación tomo el tranvía (170 jpy). Las primeras paradas están muy separadas entre sí, pero una vez cruzado el río, las estaciones están tan cerca que el convoy no está en marcha ni 30 segundos. El tranvía se paga al bajar, en el sitio del conductor, pero no se paga al conductor, sino que se pone el dinero en una máquina que es la que te cobra y te da la vuelta. También he visto esto mismo en supermercados, donde la persona que está en la caja pasa todos los productos por el escáner, pero en el momento de pagar te indica que el dinero lo introduzcas en una máquina, que es la que te da las vueltas, si has pagado de más.

Mi hotel es el Rihga Royal Hotel situado muy cerca del castillo y del parque memorial de la Paz. Es un edificio muy alto y tiene pinta de ser un buen hotel. No es que los otros hoteles en los que he estado hayan sido malos, si no que este parece más un hotel de lujo. Tras registrarme una botones (vestida como tal, que me recordaba al Sacarino) me acompaña hasta mi habitación, en la planta 24.

La habitación es muy amplia, sobre todo teniendo en cuenta que estamos en Japón y que las habitaciones son bastante estrechitas. Estoy en la planta 24 y mi ventana da al parque de la Paz, y puedo ver el edificio de la cúpula de la bomba atómica. Me gusta este hotel.

Tras acomodarme voy a la zona cero. Tras mi hotel hay un gran centro comercial al que no entraré. Por curiosidad me meto bajo tierra. Nuevamente galerías con tiendas. Entro en un 7Eleven a comprar un tentempié y aprovecho para ir al baño.

Llego enseguida al parque de la Paz que recorro tomando fotos. Estoy mucho tiempo en la zona tomando las fotos, tanto que no me da tiempo a entrar en el museo que hay tras el memorial. Intentaré volver al día siguiente.

En Hiroshima hay un autobús turístico que tiene tres líneas y que es gratuito con el JR Pass. Al entrar enseñas el pase y el conductor le saca una foto con una cámara. Me resulta curioso. Coincido en el autobús con varios españoles y unos israelitas que también hablan español con los que converso un rato. Me apeo en una zona comercial que he visto en el mapa y que parece que tiene bastante vida.

Vuelve a ser la típica zona comercial japonesa de calles peatonales cubiertas con tiendas y restaurantes a nivel de calle y en los pisos superiores. Como ya le voy pillando el truco a los niveles, ya miro también hacia arriba para ver qué hay.

Entro a ver una tienda de recreativos. En la entrada están las máquinas de garra y siempre hay gente jugando. No termino de entenderlo, porque, aunque he visto gente que se lleva el premio, los ganchos tienen tan poca fuerza que está claro que vas a tener que gastar mucho dinero para conseguir el premio. Algunas máquinas, para conseguir el premio más que agarrarlo, consiste en colocarlo empujándolo con la garra en una posición tal que permita que caiga.

Prosigo el camino por la zona parando a cenar en un restaurante donde he visto un menú que me parece bien, en este caso, es arroz con queso, que no lo había visto antes por ninguna parte. Ceno muy bien.

Al final de la calle, haciendo esquina con el parque de la Paz veo un restaurante que sirve okonomiyaki estilo Hiroshima. Tomo nota para mañana.

Vuelvo a dar una vuelta por el parque de la paz para tomar fotos nocturnas del memorial, la llama y la cúpula. Hay dos chicos también allí tomando fotos, un chaval americano y una chica italiana con la que converso un rato. El americano está un tanto compungido porque fue su país el que hizo todo este estropicio. Bueno, son acciones de guerra, así que no hay que darle más vueltas, aunque no me parece correcto que lanzasen la bomba sobre población civil intencionadamente. No bombardearon la ciudad antes de lanzar la atómica para ver cuáles eran los daños. Pese a ser una guerra, la bomba fue lanzada con la intención de hacer mucho daño. Luego veo en documentales (americanos o ingleses) lo terrible que fue que en la Iª Guerra Mundial se utilizase gas mostaza y otros agentes químicos por algunos combatientes. Esto es lo mismo, con la diferencia de que ya teníamos que haber aprendido algo.

La chica italiana me parece demasiado hippy. Charlo con ellos un ratillo y prosigo mi camino hasta la cúpula donde tomo algunas fotos más antes de poner rumbo a mi hotel.

Antes de llegar al hotel paro en un 7Eleven a comprar algunas cosillas.

MIYAJIMA.

Para la visita de la isla de Miyajima tomo el tren JR en la estación Shin-Hakushima. Al salir del hotel comienza a llover, así que me doy media vuelta a por el paraguas y ponerme los pantalones y botas impermeables. No es una lluvia fuerte, así que mi paraguas, que está hecho una pena, aguantará, o eso creo.

Se tarda una media hora en llegar a la estación de Miyajimaguchi, donde cambio al ferry, también incluido en el JR Pass que en otros 20 minutos me deja en la isla. Además de visitar la zona baja, tengo la intención de subir al monte Misen andando, aunque se puede hacer también en teleférico.

Consigo un mapa de la zona en la oficina de turismo que hay a la salida de la estación de ferry, pero un ciervo se acerca hasta mí y me la quita de un mordisco y se la come. Voy a por otro mapa, donde leo que hay que tener cuidado con los ciervos ya que se comen lo que lleves en las manos.

Llueve intermitentemente. Voy tranquilamente a tomar primero unas fotos del famoso gran torii que está en el mar. Ahora la marea está alta y parece que está bastante lejos. 

Después voy al santuario de Itsukushima, al que pertenece el gran torii está construido sobre el agua y es Patrimonio de la Humanidad de la Unesco. Tomo unas cuantas fotos y me resguardo de la lluvia, que ahora es más fuerte.

Pese a ser Patrimonio de la Humanidad, este santuario no me ha resultado especialmente bonito. Ya me lo comentó el día anterior uno de los españoles que encontré en el autobús.

 

Sigo mi paseo. Llego hasta el templo Daisho-in, budista. Por el contrario, este templo me parece fantástico, rodeado de naturaleza. Paseo bajo la lluvia por las diferentes zonas. Salgo muy satisfecho de la visita.

Prosigo la visita. Me encuentro con una pareja de mexicanos con los que hablé cuando estuve en el bosque de Arashiyama en Kioto. Yo no les reconozco. Son ellos los que me saludan y en seguida caigo. Charlamos un ratillo.

Nada más comenzar a andar comienza a llover más fuerte. No estoy muy mojado, pues el paraguas me evita bastante agua, pero es incómodo andar así. Paro un momento bajo una terraza.

Deja de llover y sigo hasta la pagoda de 5 pisos y el santuario Toyokuni. Después, voy por la calle principal y decido comer antes de volver a Hiroshima. Entro en un restaurante donde sirven okonomiyaki, que es lo que tenía pensado probar hoy. Casi todos llevan algo de pescado y marisco, pero por suerte hay uno con carne. Veo como lo preparan en la plancha, poniendo la masa, la col, los fideos, la carne y el huevo. Creo que el estilo Hiroshima es que le añaden fideos al conjunto, pero para mi gusto, por lo menos en este okonomiyaki que he tomado aquí, los fideos sobraban. En cualquier caso, no ha estado mal la comida y he descansado (total comida 960 yenes).

Al salir del restaurante pienso en seguir dando una vuelta por la zona, pero el día está muy feo y las botas me han calado, así que decido volver a Hiroshima.

En Hiroshima sigue lloviendo. Tras cambiarme en el hotel, salgo a tomar unas fotos del castillo. Después voy a la zona de la estación y doy una vuelta por la zona. Lo que más me llama la atención es el garaje para bicis que hay en la primera planta de un edificio. Como ya hace bastante que dejó de llover, voy andando hasta la zona comercial donde ceno (700 yenes)  hasta llegar de al monumento a la Paz y desde allí vuelvo al hotel.

OSAKA.

Los últimos días del viaje voy a pasarlos en Osaka, desde donde visitaré el castillo de Himeji y la ciudad de Nara, y aprovecharé para volver a Kioto a ver alguna cosa que me ha quedado por ver.

Elegí Osaka para los últimos días pues es donde está mi aeropuerto de salida, el aeropuerto Kansai, un curioso aeropuerto construido en una isla artificial en la que se han debido gastar una millonada pues, según creo recordar, una vez terminado, al estar sobre suelo poco firme tuvieron que hacer unas obras muy grandes para que no se desnivelase, aunque la solución parece una de esas maravillas de la técnica.

No obstante, la impresión que me dio durante mi estancia en Osaka y utilización de las diferentes líneas de tren para ir a Himeji, Nara y el mismo aeropuerto, es que está todo mucho mejor comunicado con Kioto, lo cual me sorprendió bastante pues Osaka es una ciudad importante y bastante grande. En Osaka las líneas de tren parecen de paso, aunque, por supuesto, dan servicio a la ciudad con una línea circular, pero esta línea no queda tan bien situada como la de Tokio.

Antes de abandonar Hiroshima voy al castillo para tomar unas fotos. El tiempo hoy es completamente distinto al de ayer y luce el sol. Tomo unas cuantas fotos y vuelvo al hotel a por la maleta que he dejado en la consigna, después voy andando hasta la estación de tren ya que tengo tiempo de sobra y me apetece ver un poco esta zona de la ciudad de día, que, por otro lado, no es nada del otro mundo.

El tren sale de la estación de Hiroshima a las 12:22, llegando a la estación de Shin-Osaka, al norte de la ciudad, a las 13:48. Desde la estación tomo el metro hasta el hotel. No termino de entender la máquina para comprar los billetes así que tengo que preguntar en el punto de información. La persona de información, con una foto de la máquina pregunta mi destino y a continuación  me dice que pulse el botón de 230 yenes, meta el dinero y que no toque nada más. ¡¡Pues no es tan difícil!!

En 15 minutos estoy registrándome en mi hotel, el Sarasa Hotel (sí, curioso nombre). La habitación es la más pequeña, con diferencia, de todas las que he tenido en Japón, debe tener unas medidas aproximadas de 6 mts de largo por 1,5 mts de ancho, aunque para mí solo ciertamente no necesito nada más. No tiene armario, pero tiene caja fuerte: el baño con una mini bañera (suficiente), el lavabo y el retrete; una cama de 90 (o quizás menos) y una mesita. Todo muy limpio.

Tras descansar un rato en la habitación (me noto bastante cansado y parece que todo lo que he andado de más me está pasando factura) me marcho a visitar la ciudad. No tengo muy claro a donde ir. Salgo del hotel y me acerco a la zona de Dotonbori. Es una zona comercial, con restaurantes, bares y tiendas y está repleta de gente. Como es pronto, me acerco a la estación JR Namba y voy hasta el castillo de Osaka, casi en la otra punta de la ciudad, en la estación de Morinomiya (también la de Osakajokoen).

El castillo se encuentra dentro de un parque. En la zona hay unos cuantos restaurantes y parece una zona agradable. Hay que andar bastante y dar bastantes vueltas para sortear los fosos antes llegar al castillo. Cuando llego ya ha anochecido. Por supuesto, tomo unas cuantas fotos.

De vuelta a la estación de tren veo que la zona está bastante animada. Hay algunos artistas callejeros, puestos de comida y alguna tiendecita.  

Vuelvo a Dotonbori. Bajo andando desde la estación hasta mi hotel, tranquilamente, mirando tiendas. Ceno en un bar tradicional japonés, sentado en la barra en el barrio de Dotombori. El menú incluye un huevo, que yo pensaba que era cocido y resulta que no lo era. No sé muy bien qué hacer con un huevo crudo, así que lamentablemente lo tengo que dejar.

HIMEJI.

Bajo a desayunar al restaurante del hotel. El desayuno está incluido en el precio de la habitación. Como en casi todos los hoteles en los que he estado se puede desayunar al estilo occidental o al oriental. No me acostumbro a los desayunos asiáticos.

La chica que atiende el restaurante intenta hablar conmigo en español. Me cuenta que estuvo estudiando español en cuba un par de meses, pero que ha olvidado bastante. Hablamos una mezcla de español e inglés. No se siente segura hablando español. Es la japonesa más charlatana que he encontrado en el viaje.

Hoy visito el castillo de Himeji. No he reservado billete, así que llegaré a la estación, preguntaré por el andén y veré en qué vagón es en el que puedo viajar.

Voy a la estación de Shin-Osaka en metro (230 yenes). Previamente he visto en la página de Hyperdia los horarios de los trenes a Himeji. En la estación pregunto por el andén. El viaje dura unos 45 minutos en tren bala.

El castillo se encuentra a unos 15 minutos al norte de la estación de tren. No tiene pérdida pues solo hay que seguir la avenida que en línea recta une el castillo y la estación. Ya desde la distancia el castillo se muestra imponente. La entrada al castillo cuesta 1000 yenes, pero por 40 yenes más hay otra entrada que permite visitar los jardines Kokoen, que están a unos metros de la entrada del castillo.

Hay mucha gente en el interior y como hay que subir bastantes escaleras la visita es lenta. Se visitan las diferentes plantas del castillo. Lo que más me llamó la atención fue una maqueta de todo el entramado de madera de la estructura del castillo.

Terminada la visita interior continúo por la zona exterior y otros edificios. Me gustan los jardines y el castillo me vuelve loco.

Abandono el castillo y me acerco a los jardines. Unos jardines bastante agradables y grandes pero que recorro de manera rápida.

De camino a la estación decido que he de comer algo. Voy a hacer como hacen los japoneses, comprar un menú para llevar y comerlo en el tren. Veo un restaurante de comida para llevar e indico a la chica que hay tomando nota, que es joven, que me diga qué menús no llevan pescado. Me cobran en el acto (360 yenes). Tardan unos minutos en preparármelo. Podía haber probado también en el nivel bajo calle, a ver qué había, pero estoy satisfecho con lo que me llevo.

En la estación me acerco a la taquilla de billetes para que me digan el andén y la mejor opción para la vuelta. No obstante, en lugar de volver a Osaka, voy a ir a Kioto para visitar el templo de Fushimi Inari con la luz del día ya que en la otra ocasión que estuve era de noche.

Según nos indica (a mí y a otros dos españoles con los que he coincidió en la estación) una persona de información que hay a la entrada de las taquillas organizando la fila, dado que nos vamos en el primer tren disponible los billetes los tenemos que obtener en las máquinas. Nos acompaña a la máquina y nos saca los billetes. Mi viaje tiene dos trayectos: el primero de 30 minutos de Himeji a Shin-Osaka donde cambio de tren; el segundo de 15 minutos hasta Kioto. En total 45 minutos para un trayecto de 130 kilómetros. Tardo mucho más en ir a trabajar todos los días.

El camino delimitado por puertas torii del santuario sintoísta de Fushimi Inari es una de las imágenes más representativas del país. Hay muchísimos y de todos los tamaños. Los más grandes cuestan 1.000.000 de yenes, así que en este templo hay mucho dinero metido. Hago el camino principal de subida al monte Inari, casi siempre pasando por debajo de torii. El camino no es complicado, además está pavimentado, pero hace calor, lo que me hace sudar bastante, y también noto el cansancio acumulado de estos días de vacaciones. Me resulta curioso ver en las diferentes tiendas que hay en las zonas de descanso que el precio de las bebidas sube también con la altutud pasando de unos 150 yenes en la parte baja a 300 yenes en las zonas más altas. Me recordaba a lo que pasaba en el camino al Campo Base del Annapurna, pero, lo que allí me parecía lógico por ser una zona remota aquí me parece exagerado, entre otras cosas porque el monte sólo tiene 600 metros de altura y no se tarda mucho tiempo en ascender.

Tomo el tren hasta la estación de Osaka y desde allí bajo andando hasta mi hotel. Una vez pasado el canal no hay pérdida posible ya que es una avenida recta y ancha en la que está el Hard Rock Café de la ciudad. Poco después, comienza la zona comercial donde entro en un Daiso para comprar alguna cosilla y paro en un restaurante a cenar un tonkatsu. Pido el mediano. En total me he gastado 1.900 yenes. Es el menú más cara que he tomado desde que llegué al país.

NARA.

Para ir a Nara desde la estación JR Namba hay que hacer transbordo en la estación de Kyuhoji. El trayecto dura aproximadamente una hora. Es más fácil ir desde Kioto.

En la estación de Nara consigo un mapa de la ciudad en la oficina de turismo. Para la visita voy a seguir el itinerario que aparece en la guía loly casi idéntico al que indica el plano que me han dado en información turística. Al principio voy un poco despistado, pero rápidamente encuentro el camino.

A la gente le gusta mucho Nara por los ciervos que hay sueltos por toda la zona de templos, que se consideran mensajeros de los dioses. Algunos carteles recuerdan que por majos que puedan ser, siguen siendo animales y pueden morder, por lo que piden precaución.  

Templo Todai-ji. La entrada cuesta 800 yenes. Nada más entrar hay una mesa que dice guía gratuito. Pregunto y me dicen que es una explicación de 10 minutos. Acepto. Me acompaña una señora que me explica la historia del templo. Me cuenta que la explanada que lleva al templo está pavimentada con piedras de diferentes colores traídas desde los países por los que se propagó el budismo hasta llegar a Japón. La hilera central, de color negro son piedras traídas de la India, por ser donde nació el budismo; las de color rojo, a ambos lados de la hilera negra son de China; la siguiente hilera de color rosa a cada lado son piedras de Corea; y por último, de Japón, las más numerosas de color gris.

También me cuenta que dentro del templo puedo ver una estatua gigante de Buda y que por la parte de atrás, en uno de los pilares hay un agujero que tiene el tamaño de la nariz de la estatua de Buda y que aquel que logre pasar por el agujero conseguirá buena suerte.

Terminada la explicación realizo la vista del templo. Me gusta bastante. Al llegar a la columna del agujero, dudo en intentarlo ya que hay que hacer cola, no muy larga, pero soy demasiado impaciente. Me apetece probar, así que espero mi turno. Casi todos los que intentan pasar son niños. Muy pocos adultos lo intentan e incluso hay algún niño que no cabe en el agujero. Yo he pasado sin problema, así que espero que alguno de mis deseos se cumpla.

Museo Today-ji. Junto con la entrada al templo, he comprado la entrada al museo. Me cuesta un poco encontrarlo y tengo que preguntar un par de veces. Pensaba que la entrada era para el Museo Nacional y allí fui en un primer momento. Al final lo encontré. No es un museo grande. Casi todo lo que se muestra son estatuas de Buda.

Antes de volver a Osaka paro a comer (más bien merendar) de camino a la estación. Hay bastante oferta de sitios. 

De vuelta a Osaka me apeo en la estación de Tennoji. Quiero visitar el barrio Shinsekai que me ha llamado la atención al pasar con el tren y ver la torre Tsutenkaku y ver en el mapa que las calles siguen un patrón geométrico.

Por curiosidad entro en un Don Quijote, una cadena de grandes almacenes japoneses, más parecidos a un Alcampo que al Corte Inglés.

Poco a poco entro en el barrio, que me llama muchísimo la atención. Es muy japonés. Hay un local lleno de hombres ancianos jugando a diferentes juegos de mesa. Salvo el reversi, el resto me son completamente desconocidos aunque se asimilan al ajedrez. Veo también restaurantes con mucha gente (japoneses) esperando para entrar. Entro en un restaurante en el que con una caña de pescar intentas conseguir tu cena en una piscina que tienen. Supongo que no tardan mucho en picar. Veo tiendas con camisetas de personajes manga. Como he dicho, me parece un barrio muy interesante. Cuando abandono la zona, veo salas de videojuegos con juegos de los años 80 como el Ghost and Goblins o el Super Pang.

Voy andando hasta el hotel, pasando por la zona de la estación de Namba, que parece una zona muy animada. En el camino entro a ver alguna tienda de figuras manga y salas de recreativos.

ULTIMO DÍA EN OSAKA.

Para el último día estuve dudando en ir a los Estudios Universal que hay en la ciudad. Finalmente decido estar tranquilo. El cansancio que tengo acumulado creo que no me iba a dejar disfrutar de las atracciones, sobre todo si hay que hacer mucha cola para utilizarlas. Aprovecho la mañana para volver a Kioto y visitar el templo budista Tokiwacho, por el que he pasado un montón de veces, pero siempre fuera de las horas de visita.

Umeda Sky BuildingVuelvo a Osaka y doy una vuelta por la zona de Umeda con la idea de ir al mirador del Umeda Sky Building. Hay que andar unos 10 minutos desde la estación, aunque la zona está en obras y tardo un poco más en llegar. Entro en el edificio, pero en la torre equivocada. No me doy cuenta hasta que estoy arriba. Echo un vistazo desde las ventanas y no me llama mucho la atención la vista. Bajo para cambiar de torre, pero no termino de encontrar bien la entrada, además ha empezado a llover, por lo que decido no subir. Espero un rato a que pare la lluvia y tomo el metro hasta mi hotel (creo que ya he gastado todas las energías que me quedan para andar).

Pasao el resto de la tarde-noche por la zona de Dotonburi y Shinshaibashi alrededor de mi hotel. Aprovecho para hacer una visita a la “ciudad subterránea”, las galerías que hay bajo tierra y que tienen restaurantes y tiendas. Ya es algo tarde, pero circula mucha gente por ellas, aunque la mayoría de los comercios están cerrados. Me ha dejado muy sorprendido el poder haber ido desde la estación de Namba hasta la de metro de Nagahoribashi sin salir a la superficie.

PEKIN.

Me apetecía volver a pasar unas horas en Pekín, aunque creo que inconscientemente, cuando compré los billetes de avión tenía más en mente no tener que ir con prisas al aeropuerto de Osaka y levantarme a una hora adecuada el último día. Aunque había un vuelo de Osaka a Pekín antes, el billete lo compré con salida a las 13:50. Pensaba que sería directo llegar al aeropuerto desde la estación JR Namba, pero no es así, sino que hay que hacer transbordo en la estación de Tennoji para tomar el tren hasta el aeropuerto. Por lo que vi en los carteles de las estaciones y la sensación que tuve, parece mucho más sencillo ir al aeropuerto Kansai desde Kioto que desde Osaka. Todo parece más sencillo y rápido desde Kioto, aunque viendo el mapa, tanto de las ciudades como del tren, da la impresión de ser una misma área metropolitana. Un área gigantesco.

Plaza de Tiananmen

Finalmente decido tomar el metro para ir al aeropuerto. Desde la estación de Shinsaibashi hasta la de Tennoji son cinco estaciones y se llega en menos de 15 minutos por JPY 230. Una vez allí transbordo hasta el aeropuerto con el JR pass (unos 2.000 yenes sin el pase). Lo malo es que me equivoqué de andén y tome el tren lento, que tarda 15 minutos más en llegar. Voy con tiempo de sobra, así que 15 minutos tampoco me suponen un gran trastorno.

Tras facturar la maleta y antes de pasar los controles de seguridad, aprovecho para gastar los últimos yenes sueltos en alguna de las tiendas que hay en la terminal. Sorprendentemente, son precios normales. Compro en un Daiso algunas cosillas para deshacerme de las monedas que me han sobrado.

Tras pasar el control de inmigración, un trenecito (de moda en todos los aeropuertos que se precien) me lleva a mi zona de embarque, en la que no hay gran cosa, así que vuelvo en el trenecito a la otra zona para matar un poco el tiempo.

A la hora indicada embarcamos y despegamos. El vuelo hasta Pekín durará unas tres horas y media.

Quiero pasar rápido los trámites de aduana para llegar al centro lo antes posible. Soy de los primeros en abandonar el avión, entre otras cosas, porque estoy en la fila 17. Llego enseguida a la zona de control de pasaportes y busco la mesa para el visado de 72 horas. No está. ¿Cómo es posible?. Además hay un muchísima gente en los mostradores normales de control de pasaportes. Pregunto, pero no termino de entender bien a donde quieren que vaya. De repente recuerdo que justo antes de pasar el control térmico (donde una cámara comprueba si tienes fiebre) había un mostrador en el que se indicaba algo sobre el visado de 72 horas, aunque no le hice mucho caso la primera vez pues iba obcecado con el mostrador que ya conozco.

Efectivamente, es en este mostrador donde hay que hacer los trámites para la visita de Pekín. Cuando pasé no había nadie, ahora hay tres personas que viajan juntas, que además están tardando un montón. Cuando me toca, resulta que tenía que haber rellenado un papel de inmigración adicional al papel que te entregan en el avión. Una vez cumplimentado, el resto es muy sencillo e inmediato. Me pregunta la oficial de aduanas si voy a dormir a un hotel. Le contesto la verdad: que tengo una escala de 9 horas y voy al centro a dar una vuelta.

Ahora toca pasar el control de pasaportes. Por suerte ahora ya no hay tantísima gente como antes y es rápido. Hay que pasar un control más para abandonar el aeropuertoa través de unas máquinas como las del metro en el que el billete sería tu pasaporte. Veo que los policías que hay en la zona son bastante bruscos con otros viajeros. En esta ocasión a mi no me para ni me dice nada nadie.

He perdido bastante tiempo con los trámites de aduana. Culpa mía por querer hacerme el listo y pasar antes que el resto. Ahora necesito dinero chino. En la anterior visita a Pekín utilicé la oficina de cambio para conseguir yuanes (CNY) y me cobraron una buena comisión (60 yuanes). Esta vez voy a probar primero en un cajero automático a ver qué comisión cobran. Voy a sacar el mínimo, entre 10 y 15 euros al cambio, y si la comisión es muy alta veré a ver qué pasa con la oficina de cambio. Utilizaré mi tarjeta de débito de EvoBanco, que no me cobra comisiones por sacar en cajeros ni en divisas diferentes del euro.

Por suerte el cajero tampoco cobra comisión por sacar dinero. El importe mínimo que da es de 100 yenes, que son unos 13 euros al cambio. Según mis cuentas tengo más que suficiente para las tres horas que voy a pasar en el centro.

En tren del aeropuerto a la estación de Dongzhimen sigue costando 25 yuanes. Tengo suerte y no tengo que esperar mucho. El metro hasta la estación de Quianmen me cuesta 4 yuanes. Después de ver lo ordenadito que es el metro de Japón, utilizar el metro en Pekín es como llegar a la jungla, en donde eso de dejar salir antes de entrar no lo han oído nunca. Entrar vas a entrar, casi seguro, aunque sea el último. El problema será salir, así que supongo que me tocará empujar, como hacen ellos.

La plaza de Tiananmen sigue estando totalmente blindada. No termino de entender que sea tan complicado acceder a la plaza. Acepto que haya controles para ver el mausoleo de Mao, pero para entrar en la plaza….

El caso es que no encuentro por donde entrar en la plaza. Todos los accesos están cerrados. Me pregunto si habrá algún evento especial, aunque no veo ningún movimiento de gente dentro de la plaza.

Dado que no se puede acceder a la plaza, pues deben cerrarla a la puesta de sol, cuando bajan la bandera principal de la plaza, me acerco a la entrada de la ciudad prohibida. Ya ha anochecido y está iluminada. Hay bastante gente a su alrededor. Turistas como yo, supongo. Aprovecho para tomar algunas fotos.

Es curioso, cuando viajo a lugares en los que los occidentales somos fáciles de diferenciar de los autóctonos suelo intentar adivinar de qué país es el occidental. No es fácil acertar, pero sí hay algunas personas que tienen ciertos rasgos que les diferencian de otras nacionalidades. Hay personas que de un vistazo se sabe si francesa, alemana, inglés, polaco,… por los rasgos característicos. Si con estos rasgos tienen otra nacionalidad me sorprendería bastante, aunque ahora, con tanto movimiento migratorio es normal que ya no coincida tu nacionalidad con tu ascendencia. Puedes ser perfectamente español, pero tus rasgos te delatan como de ascendencia polaca.     

Es lo que me pasa con un par de personas que están junto a la puerta de la Ciudad Prohibida. Tienen pinta de ser españoles. No tengo casi ninguna duda. Sin haberles escuchado hablar me dirijo a ellos para que me tomen una foto. He acertado. Efectivamente, son españoles. Están viviendo en Pekín trabajando para un periódico y me cuentan que hoy han aprovechado para venir al centro de visita, ya que, pese a estar viviendo, no han hecho mucho turismo. También me comentan que he tenido suerte ya que hoy no hay contaminación. Un par de días atrás había bastante.

Tras sacarme unas cuantas fotos con la vista de la entrada a la ciudad prohibida dudo entre ir al mercado de la seda a ver imitaciones de ropa de montaña o si me voy andando hasta la avenida Wangfujing, que no está a unos 15 minutos. Me apetece más ver algo nuevo que ver tiendas en las que seguramente no compre nada, así que me acerco a Wangfujing. Además, no voy muy sobrado de tiempo.

Wangfujing es una calle amplia con tiendas, así que al final voy a ver tiendas. Hacia la izquierda veo que sale un callejón por el que pasa mucha gente. Me acerco. Justo en la esquina hay un puesto de comida en la que venden pinchos de escorpiones, escarabajos y otros bichos. Curioso, pero yo no como animales invertebrados. Me compro una mazorca de maíz en el puesto de al lado por 6 yuanes, aunque no está muy buena y termino tirando a la basura la mitad.

Avenida Wangfujing

El callejón es bastante agradable, pero está repleto de gente. En algunas callejas hay un escenario en la que lo que a mi me parece un cuentacuentos debe estar contando un cuento. Creo que es un cuentacuentos porque el personaje en cuestión está disfrazado de venerable anciano chino, con su larga barba blanca. Todo lo dice en chino, o eso me parece a mi, así que no me entero de absolutamente nada.

Tengo sed. Compro un refresco por 8 yuanes en otro puesto. No regateo. Quizás debía haber regateado, pero como en Japón no se regatea por nada, creo que no tengo mi cerebro activado para tal menester.

Salgo del callejón y prosigo mi visita hacia el norte de la avenida. Se acerca a mi una chica que me dice que es estudiante de inglés y que le gustaría charlar conmigo para practicar el idioma. Me dice que podemos ir al McDonalds o al Starbuck a tomarnos un café. Me pica la curiosidad: ¿Qué querrá venderme?, ¿qué querrá pedirme?. Un café en el McDonalds no es muy caro, no obstante, me doy cuenta de que no llevo más dinero chino que los 10 euros que me quedan de lo que saqué del aeropuerto y aún tengo que pagar el metro y tren de vuelta. Se lo digo: “no tengo dinero para un café”. Me responde que puedo pagar con tarjeta, que las aceptan sin problema. Me pica la curiosidad por lo que sea que quiera, pero me apetece andar, así que le digo que prefiero quedarme paseando por la zona. Inmediatamente da media vuelta y se despide, lo que me hace ver que algo quería, porque si quisiera solo hablar inglés, lo mismo da ir al McDonalds que andar por la calle charlando.

Prosigo mi paseo por la avenida. Entro en un centro comercial a ver si encuentro alguna tienda de cámaras fotográficas. Aquí las tiendas son oficiales y lo mismo son más baratas que en España. No doy con ninguna. Veo muchísimas tiendas de dulces. También una farmacia. Me acerco a ver si tienen bálsamo de tigre en parches, que gustaron mucho en el barrio los que traje de Tailandia. No tienen, y lo que tienen parecido es muy caro (30 yuanes), así que no compro.

No he llegado a hacer la calle entera, pero ya estoy de vuelta. Entro en otro centro comercial y un vendedor llama mi atención con unas bolsas de gel. Tienen una especie de botón de chapa en el interior que cuando lo tocas hace que el gel se vuelva sólido y produzca calor. ¡Caramba!. Esto sí que me ha llamado la atención. Me dice que se puede utilizar hasta setecientas veces. Me gusta. Compro uno por 28 yuanes. Nuevamente me olvido de regatear, que aquí seguro que sí habría podido raspar algo. El pago no se lo hago a él, si no que me da un recibo para que pague en caja. Al ir a pagar me doy cuenta de que estoy muy muy justito de dinero. Tan justito que me da sólo para el metro y el tren.

Tras pagar, voy hacia la salida de la tienda pero el vendedor me llama y me pide que le de una de las copias del recibo que me han dado. Parece que es importante. Lo mismo sin el recibo no le pagan a él la venta. Menos mal que tenía que pasar por su lado obligatoriamente, si no lo mismo me voy con el recibo y tampoco quiero perjudicarle.

Ya no me queda mucho más que hacer en la zona. No me apetece ver más tiendas. Tampoco tengo dinero ni quiero sacar más, así que me voy hacia el metro. De camino se me acerca otra chica. En esta ocasión no me dice que sea estudiante de inglés. Simplemente me dice que podemos tomarnos un café juntos. Le contesto que me marcho al aeropuerto ya que mi avión sale a media noche. Insiste, dice que van a ser diez minutos. Está claro que algo busca, no sé el qué, pero tanta insistencia en que me tome un café con ella y su amiga (otra chica que se ha puesto a mi lado izquierdo y de la que no me había percatado) aunque sólo sean diez minutos es muy extraño. Repito mi negativa. Se marchan sin decir nada más.

Hay bastante gente para comprar el billete en la estación de metro. Como hay una estación menos de trayecto, el billete desde la estación de Wangfujing hasta la de Dongzhimeng me cuesta 3 yuanes. Después, de nuevo los 25 yuanes que cuesta el tren hasta el aeropuerto. Cuando llego al aeropuerto sólo me sobra un yuan.

En el tren intento descubrir la nacionalidad de mis acompañantes. Tres chicas, dos de las cuales tienen rasgos muy asiáticos, aunque no son pálidas, sino morenas, podrían ser nepalíes. La tercera tiene rasgos de tártara. El idioma que hablan no suena a chino ni a ninguna otra lengua del sudeste de Asia que haya oído, así que pienso que puedan ser kazajas o mongolas, aunque la verdad es que no tengo ni idea de cómo suena el kazajo o el mongol. No me parecía bien interrumpir su conversación, así que me quedaré para siempre con la duda.

Ya en el aeropuerto estoy algo despistado, pero llego bien al control de seguridad, el cual tardo un rato en pasar porque, como siempre que he estado en este aeropuerto, hay mucha gente. Además, los guardias de los detectores de metales y rayos x no son demasiado amables. Hay que sacarlo casi todo de la mochila. Me ponen pegas con la batería que he comprado en Japón, aunque ya contaba con que los tendría, pero al final me la dejan pasar, después de demostrarles que era de 2200 mhA, ya que si supera determinado voltaje o amperaje, no te la dejan subir. Ahora ya sé por experiencia que no es posible llevar baterías en el equipaje facturado.

Embarcamos a la hora prevista. El viaje a Madrid durará en esta ocasión dura unas 12 horas y media. Está anunciada la llegada a Madrid a las 06:55 y mi intención es ir desde allí directamente al trabajo si me da tiempo a estar a las 09:00.

Intento dormir todo lo que puedo en el avión. Aterrizamos puntuales y, aunque la maleta tarda bastante en salir, me da tiempo de sobra a llegar a la oficina a las 9, así que nada más volver ya estoy trabajando. Será por la noche cuando note el cansancio del viaje.

Fin de otro viaje. Como resumen diré que Japón me ha gustado. No tanto las ciudades, que son nuevas y no tienen mucho encanto, sino, más bien, por la gente y sus costumbres. Además me ha resultado muy “barato”, o por lo menos no tan caro como todo el mundo piensa que es este país.

Por cierto, las chicas que se acercaron a mi en Pekín intentando que me tomase un café con ellas tenían aviesas intenciones, como era de suponer. Parece ser, según he leído posteriormente, que su intención sí es ir a tomar un té o un café, pero en lugar de ir a un Starbuck te llevan a la tetería  para la que sirven de gancho y allí te hacen una degustación de tés que te sale por 60 euros o más. 

Al llegar al aeropuerto, en la zona de recogida de equipajes hay una ventanilla de la oficina de turismo donde me dieron un mapa de carretes, un mapa de senderos y algún otro folleto turístico.  

Después de la comida nos vamos para el aeropuerto. Me quedo con ganas de bucear por la zona y de dedicar una noche a la astronomía, pero esto último no ha sido posible ya que los cielos estaban cubiertos todo el tiempo y para tener cielo despejado es necesario ascender por encima de las nubes y para eso hace falta un vehículo.

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